Hay momentos en que creo que uno de los graves problemas del transporte de pasajeros en el país, el calificado caos del transporte y el incumplimiento de la ley, radica precisamente en los peatones, en nuestra educación ciudadana respecto al uso de los espacios públicos. El tema comienza y termina en el ciudadano.
Supongo que en el momento en que cada ciudadana salga a la calle sabiendo usar el espacio público tendremos resultados distintos, en términos positivos, a lo que viene ocurriendo. Por una puerta queremos entrar y salir, a un mismo tiempo, cinco personas, sin importar la estrechez del espacio. El primer gran conflicto. Nosotros.
Nuestras deficiencias personales la arrastramos a nuestra condición de conductores. La misma práctica de tratar de atravesar una puerta por estrecha que esta sea la aplicamos conduciendo un vehículo de motor. Un déficit acumulativo, insuperado. Y en modo alguno lo corregirá una ley ni las multas ni la represión o medidas coercitivas.
Luego, los agentes de tránsito. Aquellos provenientes de la Autoridad Metropolitana del Transporte traducen a través de su uniforme y en sus servicios diarios sus propias deficiencias ciudadana, y la institución como tal reproduce la falta de orientación en relación a los espacios públicos y sus usos. ¡Increíble!.
Tenemos que reeducarnos pero optamos por los golpes. Un agente de la AMET (me repito, otras muchas veces lo he dicho) dirige el tránsito desorientando sobre el uso de las señales internacionalmente establecidas. ¿Qué significa ponerse de espalda al conductor? ¿Qué significa ponerse de enfrente o sencillamente de lado? El cuerpo habla mediante un lenguaje aprobado en todas las partes del mundo, menos en RD.
El transporte y las rutas. Una y otra cosa responden a la irresponsabilidad social, sin menospreciar la calidad ciudadana en su relación a los espacios públicos. Hay un problema en la relación de la oferta y la demanda, lo cual contribuye a la idea del caos. ¿Qué cantidad de vehículos de transporte de pasajeros necesidad real y efectivamente Santo Domingo Norte o Santo Domingo Oeste y en cuántas rutas? No lo decide la Ley. Es la irresponsabilidad política del uso de los espacios públicos de cara a la calidad de vida del ciudadano, del munícipe. La población marginalizada, que arrastra consigo el costo de su pobreza absoluta, desafía el orden del espacio público, consciente e inconsciente, en su lucha por su propio espacio y sus conflictos existenciales se traducen en irrespeto e ignorancia.
¿Hay solución? Sí, pero actuando con responsabilidad y con visión integral. No a golpes, represión, multas groseras, medidas coercitivas. Jamás. Así no, imposible. Todo comienza y termina en nosotros como ciudadano, con sus propios conflictos.

