Bodden: fiel ejemplo de honestidad y ética
Esta columna, ausente por mucho tiempo, aparece hoy -19 años después- para testimoniar la lealtad, admiración y respeto a un inconmensurable amigo.
Un compañero que puso sus ojos, cerebro, manos, corazón y voz para servir a las mejores causas de nuestra patria.
Nunca vaciló un ápice para defender el interés general por encima del particular.
La sociedad dominicana lo escuchaba constantemente en los medios opinando en contra de las actitudes de aquéllos que pisotean la ética profesional y el buen comportamiento social.
En el hermano ido al Mundo del No Retorno, quienes tuvimos el privilegio de conocerlo en esta jungla del desacato moral y espiritual, vimos su florido jardín de la honestidad, sinceridad y lealtad.
Muchos fueron los organismos deportivos, medios de comunicación y gremios en donde desarrolló una elogiosa labor.
Siempre, la transparencia y el desinterés material fueron su norte.
En cada estación del tren de la vida que nos conduce a la consagración eterna, ese extraordinario amigo, dejó escrita con letras indelebles de oro- una impecable nota del deber cumplido.
Con tiernas sonrisas, inmutable postura y firmeza en la defensa de sus principios, Renaldo Bodden Peguero se ganó la eternidad en el alma de todos los que –de una manera u otra- escucharon o leyeron sus prédicas constantes.
Si es cierta la existencia del “Más Allá”, estoy seguro de que, entonces, nuestro querido Nano tiene su lugar junto a los seres que han partido antes y que también fueron bondadosos.
Buen hijo, gran padre, afectivo hermano e incondicional amigo, fue la Marca País que dejó para que (quienes hemos sobrevivido a su irreparable pérdida) la levantemos como bandera de combate en el accionar profesional y social.
Al despedir a ese hermano espiritual, quiero parafrasear al insigne Miguel Hernández y al quisqueyano René del Risco Bermúdez, diciendo afectivamente “Me duele más tu muerte que mi propia vida”.
Y –también- apelar a la composición de René expresando “Así, Tan Sencillamente, te nos vas, pero nos dejas con la certeza de que, más tarde, nos volveremos a juntar cada viernes para estrechar nuestros indisolubles lazos afectivos”.
¡Hasta pronto, mi querido hermano y amigo!

