Opinión

Penosa

Penosa

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Sigue el debate del artículo 30 de la nueva Constitución, con amenazas y acusaciones volando de un lado y del otro. Lo importante de todo esto no es lo que dice esto de las partes involucradas en el debate, sino del desastre constitucional que se está cocinando en la Asamblea.

La gran maldición de esta Constitución es que ha pretendido abarcar demasiado, en detrimento de libertades fundamentales hasta ahora nacional y desde hace un buen tiempo, mundialmente reconocidas. En boca cerrada no entran moscas, dice un viejo dicho.

Y habla tanto esta Constitución, que en lo que respecta al artículo 30 esta se pone a definir el momento en que empieza la vida, pero lo que se está debatiendo es si legalizar o no el “aborto terapéutico”.

Esté o no en la Constitución la redacción de “la vida desde la concepción”, el aborto de cualquier tipo (incluyendo el terapéutico) sigue y seguirá siendo ilegal. El debate por lo tanto, ha sido meses y meses de una rotunda pérdida de tiempo, puesto que los retrógrados hace mucho que lo ganaron.

Y por igual ocurre en la definición de la familia y el matrimonio. El fundamento legal de la familia es el matrimonio, va a decir nuestra Constitución. Curiosamente tengo cinco  hermanos que  vienen de matrimonios anteriores de mi padre, y son tan familia mía como mi madre, mi padre y mi hermana de padre y madre, no veo ninguna diferencia legal ni de hecho. Pero los asambleístas entienden que tienen que hablar de más.

Se habla del Estado social, y se da un listado de toda una miríada de obligaciones del Estado, sin por un segundo detenernos a pensar si siquiera hay dinero para pagar todas esas estupideces. El “Estado fuerte” se forja en detrimento de los “ciudadanos débiles”, y ese es el principio repetido una y otra vez a través de la nueva Constitución que simplemente no aprende a callarse la boca.

Y muestra mucha luz, y a mi juicio debe ser una pena para los brillantísimos constitucionalistas que participaron en el primer borrador de esta Constitución, ver que hoy el debate se siga centrando sobre lo que la Constitución debe prohibir y el poder (que se ejerce con natural opresión) que deba ejercer cada Poder del Estado, que sobre los derechos que se le deben dar a la sociedad, y más que a la sociedad, a los individuos, después de todo, ellos son el fundamento de la sociedad, y paradójicamente hoy son sus derechos los que van a ser pisoteados con esta Carta Magna. Y es una verdadera pena.

El Nacional

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