Antes de la llegada al país de Ramfis Trujillo Domínguez, asumía que aquí los Trujillo no podían regresar. He estado observando los videos de este autoproclamado representante de la Dominicanidad: “Yo soy la Dominicanidad”, para comprobar que el egomanía es una enfermedad que no toma en cuenta ni la Historia ni el tiempo.
Solo así, este norteamericano, que no ha crecido ni vivido en Santo Domingo, piensa que puede regresar después de una cuarentena de años y darnos una clase de patriotismo, autoproclamándose como “defensor” de la dominicanidad, la solvencia económica, el esplendor, el orden, la falta de corrupción, la disciplina, la Fe en Dios. Y autoproclamarse portavoz de una “Nueva Restauración”, mientras sus bocinas gritaban “Ramfis avanza, que el pueblo te tiene esperanza”.
El video sobre su fusión con un ventorrillo político y sus presunciones de líder, me hicieron recordar el video del actor venezolano que se atrevió a bombardear las instalaciones gubernamentales de Caracas, vestido como Rambo. Verlo llorar mientras denunciaba que lo iban a matar y comandaba: “pueblo venezolano lánzate a la calle”, me aporto un indicador del nivel de fantasía en que viven estos egomaníacos con ínfulas de políticos hollywoodenses.
Lo peor es que este individuo se atrevió a decir que ¡Dios esta con nosotros! Pobre Dios al que siempre se apela cuando se quiere manipular a la gente con “mucha fe, mucha fe, en nuestro Dios”.
¿De que fe en Dios puede hablar el nieto de ese monstruo que fue Trujillo y de esa penosísima mujer que fue su madre, epitome de vulgaridad sin un príncipe que la besara y embelleciera? O es que este devenido profeta de la “dominicanidad” tiene la más mínima idea de lo que es ser dominicano hoy día?.
¿Cómo se atreve a darnos clases de “soberanía”, un personaje cuya soberanía se fabricó en Miami, ciudad deforme, grotesca que habla español durante toda su vida? ¿De honestidad? O es que se le olvido que cuando ajusticiamos a su abuelo su familia poseía el 80 porciento de todos los recursos del país y la nación que hoy dice querer defender era una finca manejada con eficiencia acumuladora por un dictador que no dudó en asesinar a toda la oposición durante treinta años?.
El tiempo de “our sons of bitches”, de que hablaba Roosevelt, cuando decía que Somoza era un “hijo de puta”, “pero nuestro hijo de puta”. Y Ramfis lo que debería hacer es emular a su tío e irse a dar la gran vida en Paris, donde algún despistado chofer nos haría el gran favor de despacharlo al paraíso, donde podría sumarse a sus familiares, comenzando por su abuelo, dejándonos en paz.

