El presidente Barack Obama tendrá que rendirse ante la realidad de que ya nada puede hacer para evitar la deportación de más de cinco millones de indocumentados.
Su último esfuerzo, conseguir que el Tribunal Supremo de Justicia reconsidera su decisión sobre la iniciativa, ha sido en vano. El tribunal falló dar como buena y válida la decisión que anuló el decreto que suspendía las deportaciones.
A Obama no se le puede regatear intenciones en impulsar una reforma migratoria para resolver el drama de millones de indocumentados en Estados Unidos. Pero sí se le puede criticar que eligiera el peor momento, cuando su partido perdió el control del Senado, para encaminar la iniciativa.
Los legisladores republicanos han bloqueado el proyecto con el que Obama pretendía aliviar la suerte de los sin papeles. Y ahora el Tribunal Supremo se ha ocupado del golpe de gracia al negarse a revisar la sentencia a través de la cual se anuló el decreto presidencial con relación a los inmigrantes.

