Alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz, una ruta comercial que conecta a los productores de petróleo de Medio Oriente con mercados clave en la región de Asia-Pacífico, Europa y América del Norte.
Este angosto canal -en su punto más estrecho separa a Omán de Irán tan solo 33 kilómetros- es una vía marítima clave para el comercio global que está ahora en el foco de los mercados.
Limitado al norte por Irán y al sur por Omán y los Emiratos Árabes Unidos, este corredor -que tiene unos 50 kilómetros de ancho en su entrada y salida, y aproximadamente 33 km en su punto más estrecho- conecta el Golfo con el mar Arábigo.
El canal tiene dos vías marítimas, y cada una mide apenas 3 kilómetros.
Más allá de su extensión, el estrecho es lo suficientemente profundo como para permitir el paso de los barcos petroleros más grandes del mundo.
En los últimos dos años alrededor de 20 millones de barriles de petróleo pasaron diariamente por el estrecho de Ormuz, según estimaciones de la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés), lo que representa un comercio energético anual de más de US$500.000 millones.
Esto lo convierte en el paso más importante para la producción petrolera mundial, incluyendo el crudo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que integran Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, así como la mayoría del gas natural licuado (GNL) de Qatar.
Expertos advierten que el crudo iraní con descuento, clave para los refinadores independientes chinos, suele atravesar el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de la mitad de las importaciones de crudo del gigante asiático.
La interrupción del tránsito, junto con la retirada de aseguradoras y la paralización de envíos de GNL, amenaza con afectar a la economía china en pocas semanas y provocar un fuerte repunte de los precios del petróleo a nivel global, como ya está sucediendo.
Por lejos que veamos desde República Dominicana este conflicto bélico dará un duro golpe a nuestra economía, dependiente todavía de combustibles fósiles, de modo que vayamos acostumbrando al regreso de apagones y filas en gasolineras.

