El Nacional
El señor Dato Pagán hijo pidió al presidente Leonel Fernández enfrentar la corrupción, que en su opinión amenaza con imponerse en todos los estamentos del Gobierno y la sociedad.
En una carta enviada al mandatario, Pagán le advierte que es tiempo de llevar a la práctica las prédicas moralizadoras que rescaten a la sociedad del flagelo de la corrupción.
Señala a Fernández que la corrupción es una amenaza colosal que debe enfrentarse con medidas concretas que tiendan a erradicar ese mal, porque no hacerlo sería hacerse cómplice de esa situación.
Usted ha pedido como dones, sabiduría y paciencia. Muchos creen que ambos le fueron concedidos y no pocos lo elogian pródigamente por ello. Lo que una gran parte del pueblo dominicano no comparte es su resignación y esperan verle abandonar las certidumbres del mundo intelectual abstracto e instalarse en la diversidad objetiva de los hechos y del desafío, expresa.
Agrega que sostener un discurso anticorrupción sin acciones convincentes que penalicen el fraude legal e ilegal y lo conviertan en un hecho netamente perdedor desde el punto de vista ético, moral, social, judicial, económico y político, es proponer un encantamiento sobre la base de un artificio.
Pagán hijo le dice a Fernández en su comunicación que como jefe de Estado está obligado a evitar que sus funcionarios se aprovechen de sus puestos para sacar ventajas económicas en detrimento de la población que paga sus impuestos y que espera un manejo pulcro de los fondos públicos.
Manifiesta que en la población existe la creencia de la incompatibilidad entre la honestidad y la gobernabilidad, y que esa percepción debe ser enfrentada para beneficio de la sociedad.
Son muchos los que consideran que usted posee altura y clara visión. Si su Gobierno y su propia conciencia consideran lacerantes los actos de corrupción y los conciben como bochornosos y vergonzantes, por lo demás perjudiciales para el bienestar común y el desarrollo institucional, demuéstrelo, o continuará creciendo la falta de los ciudadanos. Nada puede ir bien en un país en el que los hechos contradicen las palabras, al fin y al cabo somos lo que hacemos, agrega Pagán.

