Este año volvió el Clásico Mundial de Béisbol y la República Dominicana, aunque no obtuvo los resultados deseados, se volvió a lucir ante el mundo como la potencia de ese deporte que es.
Pero lo que me llama la atención no es lo que nuestros jugadores hicieron en el terreno de juego, más bien lo interesante es lo que estos hacen y representan para la República Dominicana y cada uno de los dominicanos lo que les hace más valiosos aún.
Todo el que me conoce sabe que no soy muy fanático del béisbol y que francamente no sé mucho sobre ese deporte, pero cada 3 años no puedo evitar dejarme envolver por el Clásico Mundial de Béisbol y la energía de nuestros jugadores.
Durante las 2 semanas que dura el torneo no solo nos estamos dando el lujo de ver a nuestros jugadores lucirse haciendo lo que mejor saben hacer, sino que todos los dominicanos tenemos el gusto de ver nuestro retrato en la gran pantalla a los ojos de todo el mundo.
Conocemos muy bien el talento de nuestros jugadores, más aún sabemos de sus sacrificios, profesionalismo y la dedicación que ponen a su oficio.
Estar en donde están ellos requiere un nivel de disciplina y entrega élite a la que solo pueden llegar una fracción del 1% de los que lo intentan, y estos no solo lo logran, sino que dentro de esa fracción del 1% élite, todos y cada uno de nuestros jugadores están en el top del 0.1%. Pero lo que nos llega al corazón, la razón por la cual el país se paraliza para verlos, es que en el fondo de todo ese trabajo y dedicación queda la realidad de que ellos comparten la experiencia nuestra de seguir siendo dominicanos.
La alegría con la que juegan nuestros jugadores, la forma en la que hablan entre ellos y se comportan en el dugout, es tan dominicana que no importa el oficio al que nos dediquemos, la provincia en que nacimos, el barrio donde nos criamos o el país donde estemos, todos nos vemos retratados.
La “chercha”, el “coro sano”, ahí es donde nuestros jugadores plantan un espejo al resto de todos los dominicanos y es donde nos vemos reflejados, y lo vemos y lo disfrutamos como corresponde, con orgullo y felicidad, porque eso es lo que no entiende el que no conoce nuestro país, de eso es lo que se pierde el turista “all inclusive”, esa es la alegre esencia de la dominicanidad.
Ver cada tres años a nuestros jugadores moviliza a todos los dominicanos no por el nombre en la camiseta, o los colores del equipo, ni siquiera la bandera o el himno, es ver el espectáculo de nuestra dominicanidad pavoneándose ante todo el mundo sin rubor alguno, con todo el orgullo y en todo su esplendor, y la alegría que dominicanos nos provoca ver eso es simplemente indescriptible.
Para todo el que alguna vez se puso el uniforme de la República Dominicana, y muy especialmente para cada uno de los jugadores que nos representó en este Clásico Mundial de Béisbol de 2026, mis eternos agradecimientos por siempre mostrarnos como se siente el genuino orgullo de ser dominicanos.

