El tumultuoso río electoral comienza a desbordarse con predicciones de que se adelantan monzones proselitistas con secuelas de vientos y lluvias de intereses políticos, por lo que se requiere que la sociedad se guarezca en carpas de prevención ante los avisos de ciclones y tormentas.
Mansos y cimarrones voltean rostros hacia la pizarra que advierte sobre fatales plazos electorales, en el entendido de que el calendario solo inscribe compromisos referidos a candidaturas y elecciones, sin reparar que la agenda económica y social tampoco admite dilaciones.
El Gobierno tiene el compromiso de gestionar que la atención colectiva también se fije en las iniciativas públicas puntuales relacionadas con el crecimiento y sostenibilidad de la economía y con compromisos vinculados con el bien común.
Si bien es cierto que se acercan los plazos de reservas y presentación de candidaturas, así como otros requisitos requeridos por la Junta Central Electoral (JCE), es menester advertir que en dos semanas el Gobierno ingresa al segundo semestre de 2019, repleto de metas y compromisos.
Sin importar lo que ocurra o deje de ocurrir en el terreno político o partidista, las autoridades están compelidas a garantizar expansión de la economía y estabilidad monetaria, así como el fiel cumplimiento del calendario de ejecución de obras vitales como la del complejo termoeléctrico Punta Catalina y la presa Río Grande.
Urge que el Gobierno coordine una firme ofensiva de manejo de crisis ante la campaña de descrédito contra el turismo y el propio gentilicio dominicano, lo que ha llevado a la cancelación de cientos de reservaciones en hoteles de polos turísticos.
Durante el segundo semestre de este año, el Gobierno está compelido a cumplir con la meta de ingresos fiscales, como garantía de que también cumplirá con la promesa de reducir el déficit fiscal, para lo cual también se requiere promover intensamente la inversión extranjera y el incremento de las exportaciones.
El circo electoral ha sido instalado con mucho tiempo de antelación, posiblemente atendiendo a los plazos fatales del ámbito electoral, pero es oportuno señalar que la economía también tiene sus plazos ineludibles, cuyo incumplimiento ocasiona fatalidades que podrían llevarse por delante al propio Coliseo romano.

