La capacidad creativa manifestada en la fundación del PLD constituía su fuente de seducción y representaba la semilla donde iba a germinar su inevitable crecimiento.
La actividad política contemporánea en el país puede dividirse en antes y después del surgimiento de un partido al que su líder fundador le puso esmero especial para que se desarrollara sobre bases firmes. ¿Quién no recuerda con admiración y nostalgia sus círculos de estudios, la organización meticulosa de sus actividades, sus novedosos mecanismos de recaudación de fondos, su periódico, su revista y, sobre todo, una mística cuidada con pasión?
Esos elementos encantadores no tardaron en redituar beneficios y el crecimiento no se hizo esperar. De 18,000 votos en su primera incursión, multiplicó por 10 en la segunda, por 2 en la tercera, hasta obtener mayoría en 1990. De ahí que, en esa etapa de su historia, su activo principal era esa diferenciación cualitativa con las dos grandes organizaciones políticas con las cuales competía.
Todo se derrumbó al llegar al poder, y ese desplome ético fue una consecuencia natural de un pacto político con Joaquín Balaguer y los sectores que representaba, que lejos de hacerse por razones de estrategia, se llevó a cabo con el mero propósito de disfrutar los placeres del poder, con amnesia total de los fundamentos que dieron origen al partido y que tanta ilusión había despertado en una sociedad ávida de conductas distintas en el manejo de la cosa pública.
Entonces el PLD sustituyó su antigua fortaleza por otra de inmediata rentabilidad. A partir de esas horas de poder, el nuevo paradigma del otrora patriótico partido fue la gran capacidad de insertarse en procesos electorales y hacer las cosas que en este país generan votos aun sea al precio de posponer sin límite de tiempo la solución de nuestros acuciantes problemas. De esa forma, el PLD quedó convertido en una maquinaria de multiplicar resultados en urnas electorales.
¿Dónde está su problema en la actualidad? En que la efectividad de su nueva arma no resulta útil en esta coyuntura porque, de repente, se precisan respuestas de otra naturaleza, de aquellas en las que el PLD era insuperable, y ahora ha quedado convertido en incapaz.
Su clientelismo, su corrupción espantosa, sus nominillas, su desenfreno, su arrogancia insoportable, no les sirven para enfrentar los últimos acontecimientos que parecen desbordarlo y lo presentan desarmado ante una población que, al fin, ha podido arrancarle sus caretas.

