El PLD y el PRD son dos caras de una misma moneda, dos partidos en uno. La ideología neoliberal, promotora del aplastamiento de lo social y lo público, impulsora del predominio de los intereses privados concentrados, de la insolidaridad y los individualismos extremos, alimentó los procesos degenerativos de esos dos partidos hasta convertirlos en dos compañías por acciones con dos dueños y dos clientelas móviles.
Eso les ha permitido hacer de la nueva Constitución un traje a su medida. La composición actual de la asamblea legislativa por ellos controlada no podía dar otra cosa.
Ese escenario pudrió más aun la propuesta de reforma original, y eso lo sabían muy bien Leonel y Miguel.
El soborno a los/as legisladores/as practicado por el lumpen-empresariado y la oligarquía voraz, el pacto entre los dos dueños de esos partidos, el chantaje de la jerarquía católica, la degradación moral y el neoliberalismo, se mezclaron para producir un engendro peor que la Constitución balaguerista e incluso peor que los deseos de cada uno de los componentes de esa conjura. La suma y confluencia de las partes potenció todo lo malo
En ese texto se le dado rango constitucional a la privatización de todo lo público y social y se ha despojado al pueblo de una gran parte de sus derechos colectivos y ciudadanos.
Además se aprobó la extensión del próximo periodo de legisladores(as) a seis años y se aumentó la exagerada matricula de esa institución. Se favoreció las reducciones de las áreas protegidas. Se prohibió el aborto terapéutico Se consagró la lealtad de los funcionarios electos a sus partidos por encima del derecho de los electores.
Quedó así confirmado lo que tanto he señalado: esta institucionalidad es irreformable por ella misma para ofrecer democracia política, económica, social y cultural.
Está tan corrompida y comprometida con lo peor, que solo es capaz de generar contra-reformas, despotismo y exclusión. Más aun después de convertirse en un narco-estado bajo la responsabilidad compartida de las cúpulas del PLD, PRD y del balaguerismo en extinción.
Quedó confirmado que en este país la ruta de la democratización, de la justicia social y de la soberanía popular y nacional, pasa por el reemplazo esta institucionalidad decadente mediante un proceso constituyente capaz de crear un nuevo sistema político y una institucionalidad democrática-participativa.
