Estos poemas de Víctor Díaz Goris forman parte de un libro que se llama Eros en la Piel, dedicados a una mujer.
TOCAR UNA MUJER
Tocar una mujer,
lo mismo que una guitarra,
es pulsar las cuerdas del placer
que ofrece su mirada,
es tener las palomas de su sexo
aprisionadas en el alma,
es tener bajo los dedos
las delicias del ardor.
Tocar una mujer,
bajo el verde núbil de las ansias,
es navegar por sus ojos
lo mismo que por la duda,
es saber que el mundo cabe en un beso,
porque no acaba la sed.
Tocar una mujer,
bajo las grandes alas del deseo,
es oír la luz de sus senos
en la acústica de los besos,
sobre el camino de espumas
que el sol de su cuerpo creó.
Tocar una mujer,
bajo un abrazo de agua,
es tener a la lujuria,
danzando bajo la piel.
AMAR UNA MUJER
Amar a una mujer,
Bajo los azules pétalos
De un nenúfar,
Sobre los negros pétalos
De una rosa,
Bajo el verde aroma
De un clavel.
Amar sus manos
Que van dando forma
A la tarde,
Amar sus labios
Que crean otros soles
Al nombrarlos,
Amar su piel,
Que es otra primavera
Vestida de carmín.
Amar una mujer,
Vestida de desnudez,
De algas, muérdago,
Y luz,
Es tener una estrella
Detenida en la mirada,
Y acercarse un poco
Al Cielo,
Sin haber tenido
Que morir. Amar a una mujer,
A pesar de uno mismo,
A pesar de ella misma.
Amar a una mujer,
De ella, por ella,
Para ella.
Desde la piel, desde la voz,
Desde el alma.
Amar una mujer,
Desde el amanecer
Hasta el día siguiente,
Amarla, quererla, mimarla,
Cuidarla y luego amarla otra vez.
Amar a una mujer,
Con rabia, ganas, deseo y pasión.
Amar a una mujer,
Para siempre, desde siempre,
Por siempre,
Amén.
DEGUSTAR UNA MUJER
Tomarse una mujer,
Sorbo a sorbo,
Lo mismo que un fino champagne,
Paladear con deleite
Los secretos de sus labios,
Libar, gota a gota,
Los arpegios de su piel,
Y degustar, lentamente
Y con firmeza,
Cada gota de su amor,
Hace que un hombre
Se sienta vivo,
Y que se aleje
Del dolor.
LLUVIA Y MUJER
La lluvia es una mujer
Amada, deseada
Y nunca poseída,
Cuyo nombre
Lleva el frío
De la piel no compartida,
Y el ardor de unos labios
Huérfanos de besos.
La lluvia es una mujer
Desnuda, deseante
Y consentida,
Cuyos ojos dan luz
Al corazón del hombre
Y en cuyo aliento
Hay alondras
Que llevan
En sus alas
El dulce sabor
de los besos.
La lluvia es una mujer
Ausente y recordada,
Cuya memoria
Perfuma de azul
El pensamiento,
En la espera
Del retorno
De la ilusión
Y los sueños.
NOCHE Y MUJER
La noche es como
Una mujer que se desnuda
Lentamente,
Y así como caen las sombras
Van cayendo sus ropas,
Y el aire se llena
De su perfume,
Y el hombre sueña
Con su piel de estrellas,
Y ese aroma a noche-mujer
Se expande
Por el mundo,
Provocando un amanecer
Que también
Huele a mujer.
UNA MUJER
Una mujer es la suma
De todas las luces,
De todos los miedos,
De todas las ansias,
Es carne en tránsito hacia el placer,
Arcoíris de pelo suelto
Que se demora en el espejo,
Es un enigma de ojos de fuego
Que acaricia la piel
Del atardecer.
Es una estrella que fulge
Sobre los conjuros del deseo,
Es un relámpago de carne y hueso
Que brilla con luz propia,
Río de emociones
En perpetuo movimiento.
Es calor, frío,
Fresca brisa,
Horizonte de hermosos pezones,
Cascada de anchas caderas,
Sendero de cintura estrecha,
Oropéndola de vuelo azul.
Una mujer es la suma
De todas las delicias,
Manzana sin serpiente,
Camino por recorrer,
Es un mito, un espejismo,
Paz, tormento
y piel.
EL SABOR DE UNA MUJER
¿Alguna vez te has preguntado
a qué sabe una mujer?
Una mujer sabe a caricia,
a pasión con el pelo suelto,
sabe a horizonte descalzo,
a río de colores iridiscentes,
a mango con nubes en la pulpa,
a cielo despejado,
a misterio resuelto,
a Náyade a punto de ser besada
por un fauno lujurioso,
sabe a ecuación de emociones
que se decanta y mantiene
en la mirada,
sabe a camino recorrido,
a corona de mirlos que danzan
sobre la tarde,
sabe a gloria,
a espejo masturbado por una Sílfide,
sabe a deseo,
a crepúsculo del cual
cuelgan los cisnes de la duda,
una mujer sabe a ella misma,
y tiene el sabor
que ella quiera,
y que uno se muere
por tener.

