Llama poderosamente la atención que los escritores dominicanos sobre la Era de Trujillo, que han sido muchos y bien calificados, hayan pasado por alto –sin emitir ningún tipo de comentario – la controversia planteada por Delio Gómez Ochoa en su libro “Constanza, Maimón y Estero Hondo: la victoria de los caídos” respecto a la muerte del alegado “gánster y pistolero” cubano Policarpo Soler.
En su obra, publicada en Santo Domingo en el 2010, Gómez Ochoa sostiene haber visto preso en la cárcel de La Victoria a Soler y lo más importante, haber sido testigo de su muerte a tiros en ese recinto en las postrimerías del régimen trujillista.
La afirmación de quien fuera uno de los líderes del frustrado movimiento guerrillero antitrujillista de 1960, origina una controversia por cuanto siempre se ha creído y dicho que Soler, quien se refugió en el país y actuó a las ordenes de Trujillo, fue ultimado a balazos por agentes del Servicio Militar de Inteligencia (SIM) en una calle de la parte alta de la Capital.
Esta última versión la han dado hasta la saciedad todos los que han escrito o comentado sobre hechos punteros de los finales de la dictadura, uno de ellos el affaire Trujillo-Batista después que éste último vino aquí el 1 de enero de 1959 tras perder el poder la noche antes en La Habana.
El pleito Trujillo-Batista envolvió a Soler, quien desde antes se movía en Santo Domingo y trabajaba al servicio del dictador dominicano, al punto de que sucumbió junto a dos familiares que también se encontraban en la Capital dominicana.
No se ha producido una versión lo suficientemente fuerte que deje en claro en qué radicó el problema entre Trujillo y Soler que culminó con la muerte del último, sea en una calle de la Capital perseguido por los sabuesos del SIM o sea en la cárcel de La Victoria en un hecho dramático que afirma haber presenciado Gómez Ochoa, quien está vivo en su país natal.
Lo cierto es que ese suceso histórico de las postrimerías de la dictadura bien merece mayor discusión, análisis públicos y planteamientos serios que permitan una aproximación a la verdad.
Por: José Pimentel Muñoz
josepimentemunoz@hotm

