Que un solo agente de la Policía participe en actos delictivos es suficiente para empañar la imagen del cuerpo. Y peor aun cuando se tiene la percepción, bien ilustrada por la realidad, de que en la inmensa mayoría de crímenes y delitos que ocurren en el país hay siempre un agente o exagente de por medio. Con una Policía que carece de confianza parece obvio que no se ha hecho lo suficiente para evitar la participación de algún miembro en atracos o asaltos.
Sin ir más lejos, en Castillo, San Francisco de Macorís, acaba de caer un raso de la Policía, identificado como Luis Manuel Sánchez Abréu, cuando participaba en un supuesto atraco al Centro Comercial Castro.
Según los informes, el raso fue abatido durante un enfrentamiento a tiros con una patrulla de la Policía. La presencia de policías en actos delictivos, no son precisamente casos aislados, es un fenómeno que la jefatura del cuerpo tiene que auscultar para restaurar su imagen y hacerse digna de confianza en la población.

