En la sociedad dominicana existe la percepción, a todas luces válida, de que el presidente constitucional de la república, licenciado Danilo Medina, quien tuvo al profesor Juan Bosch como maestro y guía en el arte de la política, terminará el año 2012 con una aceptación popular envidiable, cómoda, propia de un estadista consciente de las necesidades básicas de la población dominicana.
Esto porque, con el correr de los meses, el primer mandatario de la nación ha venido, acertadamente, mostrando un nuevo estilo de gobernanza pública, la cual, sin duda alguna, le favorece considerablemente.
Tanto así que, haciéndole honor a la verdad, los adversarios políticos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y del presidente actual, han tenido que manifestar, los más honestos de manera pública, los aciertos que hasta el momento ha tenido la administración del licenciado Medina.
En realidad, el presidente es un hombre conocedor de la psicología social, de la falta de oportunidades y de la honestidad de los pobres, de los entresijos de la actividad política, de la composición social del pueblo dominicano, de la sabiduría del hombre del campo, y de las exigencias propias tanto de la pequeña burguesía como de los grandes empresarios.
De ahí su sabia y firme decisión de construir un nuevo estilo de dirección gubernamental; cosa que viene logrando destruyendo las adversidades que encuentra en los caminos, resaltando un equilibrio consensuado y, siempre con mucha prudencia, desoyendo las eternas críticas de los sabedores del infortunio dominicano.
Al mismo tiempo, viene moldeando y edificando un liderazgo fuerte en donde, según lo visto por ahora, ha sabido escoger como base fundamental a la gente corriente.
De hecho, no resultan casuales las oportunas y significativas medidas tomadas para combatir y enfrentar la fastidiosa y repudiable corrupción administrativa. Mucho menos la sensibilidad del ser humano, la sencillez, eficacia y transparencia presidencial, ejes puntuales de todo buen gobernante.
Lo cierto es que el nuevo presidente, con su marcada capacidad para observar, suele ponerle mucha atención a los problemas, luego procede a estudiarlos y, finalmente, sin perdida de tiempo, busca las soluciones más viables para entonces dejar complacida a la sociedad.
Pero, definitivamente, que uno de sus grandes logros, sin restar méritos a otros no menos importantes, como por ejemplo el 4% para el área de educación, ha sido su firme y correcto comportamiento de carácter ético, sumado a la decisión de no darle tregua al flagelo de la corrupción donde quiera que se encuentre.

