Opinión

Por aquí anduvo

Por aquí anduvo

Para regresar a Honduras a concluir el mandato que en la etapa final minó de perturbaciones,  Mel Zelaya tiene que mantener viva la presión. No puede sentarse a esperar la evolución de los acontecimientos, tiene que provocar un desenlace. Todos los días debe crear un motivo para vestirse de estadista, aunque el sombrero de vaquero que no se apea, diluya la solemnidad  de los actos de los que participa.

En ese accionar que lo mantiene de Washington a Centroamérica, giró el pasado viernes hacia la República Dominicana. Vino a exhibir el respaldo que le ha tributado el presidente Leonel Fernández, y además a requerir su ayuda del mandatario frente al encono del presidente Hugo Chávez, con su decisión  de  aceptar la  apertura de negociación con el gobierno provisional de Honduras que se lleva a cabo en Costa Rica por solicitud de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton.

Antes de que Chávez hiciera público su rechazo al diálogo que ha tildado de “indigno”, hice revelaciones en la radio calificadas de especulativas, pero que luego  quedaron refrendadas cuando el mandatario venezolano ha considerado como un grave error la iniciativa de negociación.

Zelaya no quiere desairar a su jefe político, pero tiene interés en resolver su problema, que  no es sencillamente el de volver a la presidencia, más no necesariamente al poder, sino el de quedarse a vivir en paz después que estos meses se vayan y se elija  en Honduras otro gobernante.

Mel sabe que sus 40 meses de gobierno están plagados de denuncias de  corrupción, tráfico de influencia y connivencia con el narcotráfico, lo que sumados a sus últimas malquerencias con el Poder Judicial, cuyas decisiones desacató olímpicamente, lo pueden poner a pasar mucho trabajo después que su suerte no le importe un comino a la comunidad internacional.

Es por eso que ha estado pregonando un discurso y ejecutando otro. De los labios para afuera no cree en entendimiento con los golpistas, pero aceptó las conversaciones y adelantó concesiones: está dispuesto al adelanto de elecciones que ha sugerido el gobierno provisional, sólo que las condiciona a que sea él  que las convoque. Y de su parte, los que saben cuales son las  cosas que atormentan  a Zelaya, han hablado de manejarle una amnistía.

El tiempo corre: desfavorece al gobierno provisional acosado de la presión internacional y de la interna por el deterioro de la economía; desfavorece a Zelaya, porque sobre todo en Estados Unidos se ha ido destruyendo la unanimidad en la visión sobre su defenestración, hay un movimiento cada vez más amplio de legisladores que rechazan la drasticidad  con  que se ha actuado contra Honduras y  plantean que el Congreso recorte  fondos a la  OEA, que no  llegó cuando el presidente se insubordinaba contra el orden jurídico.

Por otra parte, las 7 organizaciones de comercio más poderosas de EU se oponen a un bloqueo a los textiles  de Honduras, mientras las  federaciones de comercio de Guatemala, Nicaragua y El Salvador, han expresado su rechazo al bloqueo.

Zelaya dice que no quiere acuerdos, y  tiene más apuros por lograrlos que quienes lo sacaron del poder, y que saben que a la postre,   ajustarán cuentas, porque no se queda la clase política hondureña con el estiércol que este proceso le ha deparado.

El Nacional

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