Opinión

¿Por qué no votaré el 20-M?

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No voy a votar por Guillermo Moreno, Eduardo Estrella o cualquiera de los llamados “alternativos” por su carencia de discurso, infantilismo y falta de pragmatismo político, y ausencia de propuestas coherentes que no rayen en el absurdo que la inexperiencia en asuntos de Estado parece darles. Las probabilidades de victoria para alguno de estos candidatos son nulas, sin embargo, es posible que estos estén apenas deseando sentar bases para proyectos a largo plazo en búsqueda de quebrar el bipartidismo virtualmente instaurado, lo que a mi parecer será poco probable.

El descontento subconsciente de los dominicanos con los dos grandes partidos no es secreto para nadie. Sin embargo, debido a lo que solo puede ser explicado por egos desmedidos, los candidatos alternativos fracasaron en al menos para el 2012 sentar una base sólida para sus proyectos a futuro. Fraccionados en cuatro candidaturas, su incapacidad de cohesionarse detrás de una sola figura les imposibilitará llevar sus propias aspiraciones de aunque sea un tímido cambio político a nivel congresual para el 2016, cuando resultaba un poco más factible.

El discurso de “nosotros contra ellos” solo puede llevarte hasta cierto punto, a partir de allí es necesario sumar. Si no se es capaz de unir bajo una sola voz a cuatro candidatos que al menos coinciden en la idea fundamental de quebrar el monopolio bipartidista, va a ser apenas un cuento de hadas aspirar a realmente llegar a cargos electivos. En política el éxito se alcanza uniendo, un Presidente dificilmente tendrá éxito en sus políticas si no logra conseguir respaldo del Congreso, un candidato jamás llegará a un cargo si aleja de si todo lo que sume al proyecto.

La retórica ideológica pudo más que el sentido común con los candidatos alternativos. Me arrogo el atrevimiento de decir que no haber conformado una boleta encabezada por Moreno y secundada por Estrella con el respaldo del resto, sepultó cualquier deseo real de marcar una diferencia para todos los alternativos (incluyendo a Serulle y a Puig) por lo menos hasta el 2020. Si un movimiento alternativo exitoso ha de nacer antes, será ajenos a esas figuras.

Si existiera una razón por la cual, al menos el 20-M, votaría por uno de los alternativos, sería con el descarado propósito de inutilizar políticamente al Partido Reformista Social Cristiano. Pero ahora con ese voto fraccionado en cuatro, enviar un mensaje claro y definitivo contra el monopolio bipartidista y el esfuerzo para sacar al reformismo definitivamente del ruedo político se han tornado en metas inalcanzables para este año, siendo los mismos que defienden esa idea los únicos culpables de ello.

Es difícil tomar en serio el discurso de los candidatos alternativos porque cuando se está abajo siempre se dice cualquier cosa, y por ello la falta de lógica, el sin sentido y el eterno blá, blá, blá contra los partidos grandes termina siendo lo único que estos ofrecen. Sus actitudes hacen de sus discursos totalmente irrelevantes.

Ya en otra ocasión será para los candidatos y partidos alternativos, probablemente conocidos en el futuro como “independientes”, solo quedará desear que en ese momento la inteligencia que pretenden transmitir con su retórica ideológica les sea útil para comprender las realidades de un mundo donde en lo único que todos vamos a estar de acuerdo es en estar en desacuerdo.

El Nacional

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