Opinión

¿Por qué se rompen las leyes?

¿Por qué se rompen las leyes?

La respuesta es simple, si cumplir la ley me resulta más costoso que romperla, lo más probable es que la rompa.

 Desde robarse la luz roja hasta los más salvajes asesinatos se cometen porque quien incurre en esa violación consideró que le resulta menos costoso hacerlo, que ceñirse a lo estrictamente indicado en la ley. Se ponen en un balanza las consecuencias económicas de cumplir o no cumplir, el costo personal (moral, político, social, etc.), el beneficio esperado y los riesgos personales que presenta.

 Muchas cosas pueden incidir en el costo que atribuye cada persona a cumplir o no cumplir con una ley. Hay una consecuencia económica. Por ejemplo: “Si cumplo sacando la placa de mi vehículo me cuesta 2000 pesos hacerlo; si no cumplo son 5000 de multa, más 500 de recargo, más $2000 de la placa, más $500 por sacar el carro del canódromo”. Hay una consecuencia moral y social: “cumplí sacando mi placa a tiempo, si no cumplo soy un irresponsable más que lo dejó todo para el final”. Y por supuesto hay un riesgo que se sopesa: “Si cumplo, ando libremente por la calle sin preocupación a que me detenga un Amet; si no cumplo tengo que huir de a los Amet para eludir el costo económico”. 

 Los tres naturalmente inciden para que se cumpla o no la ley. Si no hay un costo adicional de casi 8,000 pesos por no sacarla, el Amet podrá detenerme y regañarme todo lo que quiera y yo no voy a pagar la placa. Si no se me considera un incumplidor, yo no voy a preocuparme por todo eso. Y si no hay Amet que me detenga, seguro a la DGII le van a salir raíces esperando a que yo me presente a pagar mi placa.

 Esto aplica de igual manera para cualquier situación, y que pueden naturalmente tornarse más complejas, por las circunstancias y valores económicos que cada individuo atribuya a las particularidades de su vida.

 De leyes que no se cumplen los dominicanos podemos dar cátedras, y desde el individuo más marginado, al empresario mejor educado hasta el mismo Estado, todos sin excepción han violentado con pleno conocimiento una o varias leyes que rigen el país.

 Mientras la idea siga siendo poner texto en un papel y creernos que eso debe ser cumplido porque “es la ley”, francamente lo que vamos a lograr es un mar de legislación que solo serviría para enriquecer a las empresas fabricantes de papel, y nunca saldremos del desorden que como país somos.

 Para el futuro, nuestros legisladores deben seriamente considerar que una buena ley no es aquella que obligue a alguien a hacer algo, sino a que le incentive a hacerlo de la manera deseada porque no sólo le resulta más conveniente a él, sino también a la sociedad.

Puede sonar muy simple, pero esto va a requerir mucho más que ir al vocero del partido a preguntar la directriz y levantar la mano de conformidad a eso; hay que pensar, y bien profundo sobre el objetivo de la legislación y los incentivos de cumplimiento que a ella le acompañen para las personas que de manera individual deban acatarla.

Una vez empecemos eso habremos empezado a dar el paso de preguntarnos “por qué se rompen las leyes” a “qué podemos hacer para que las leyes sean cumplidas”?

El Nacional

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