Opinión

Precisamente

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Ciencia, poder y espiritualidad
En el mundo tecnificado en que vivimos todos, de una u otra forma tenemos la sensación de que el tiempo se nos escapa de las manos. Empezaré por la verdad: Se sabe que la sociedad experimenta un rápido declive hacia la incapacidad. La nuestra es una época de exceso. Necesita una visión clara.

¿Qué hacer? ¿Hablar de abatimiento, enunciando juicios críticos negativos, demasiado fáciles?

¿Qué podemos hacer ahora? Sostengo que puede ser menor la gravedad del estallido que, producirían las relaciones entre la ciencia, las técnicas, la política, la violencia, la moral e inclusive la religión. Esta situación es tan global que anuncia un período nuevo y exige una nueva visión. La gran “ciencia” y la bomba crearon un poder de dimensiones mundiales, y nunca han dejado de acentuar su presión. ¿Podría alguien mencionar un solo «“problema”, en estos momentos que no surja de las ciencias y las relaciones con la sociedad. Toda moral, hasta la nuestra, se basa en la célebre distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no, esta frontera entre nuestros poderes y la necesidad exterior, casi implacable tiende a desaparecer. Todo parece depender de nuestra eficacia: Este dominio que tenemos de “todo”. Ese poder de dominar que nos envuelve a “todos”. Pero, hace falta un conocimiento inmenso, a la altura de ese saber prodigioso, ya que, todos nuestros problemas residen en este poder. ¿Qué hacer con esta crisis mundial de alimentos, con ese irrefrenable tsunami silencioso que se mueve, con el calentamiento global y otras…?

La genética, la bioquímica, la física y las técnicas asociadas nos brindan de hecho, suficiente poder, pero, pronto tendremos que administrar ese poder que, por el momento parece escaparse de nuestras manos porque va demasiado rápido y más allá de nuestras facultades para proveerlo, de nuestras capacidades para guiarlo, nuestros deseos de desviarlo, nuestro voluntad para decidir que hacer, y hacerlo de inmediato, con sabiduría. Sobre todos los elementos de esta dominación, pues solo un cambio de la visión del mundo podrá solucionar nuestros conflictos.

Hoy estamos siendo retados a convertirnos en los arquitectos del panorama futuro de las relaciones mutuas, para penetrar profundamente en las “sombras” del desequilibrio, la rigidez y decadencia de la sociedad.

Por separado uno del otro debemos aprender a alimentar el hambre de la espiritualidad y beber de su rica fuente. Juntos, apoyándonos el uno al otro en el intento de alcanzar los misterios eternos de la vida, en la espiritualidad. Por separado y juntos debemos despojarnos de nuestra capa social de inocencia, abrir los ojos y ver el daño que hace alimentar el patrón social de mal uso. Hasta que superemos ese poder implacable que nos impide inclinarnos al bien. A un nivel de conciencia de profunda evolución.

El Nacional

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