¿Hacia dónde va la familia? ¿Cómo confronta esta encrucijada económica? Todos nacimos para vivir en familia. Es un mandato bíblico. Para las ciencias sociales, la familia es la unidad más poderosa que tiene una sociedad, una familia bien integrada es un motor de desarrollo económico, influye en la estabilidad democrática, hace cosas fundamentales.
En el rendimiento educativo de las pesonas jóvenes, la familia realiza el más significativo rol macroeconómico y social.
Es decisiva para la inteligencia emocional por su gran red de protección social.
Pero, la familia está en riesgo.
Desigualdades cada vez más profundas, en condiciones de vida muy duras.
Aguda pobreza, ascendencia de criminalidad.
Todo esto dentro de un poderoso obstáculo que impide su avance, ¡la crisis mundial! Generada por la crisis de valores.
Sin embargo, si impulsamos una verdadera participación comunitaria, los efectos serían diferentes.
Si se despiertan fuertes resistencias a la crisis, por un efectivo liderazgo empresarial, que incremente la innovación, la productividad y la competitividad.
Si se contara con el apoyo del Estado, se crearían las bases de un poder disponible, sustentado por una comunidad participativa que aspire reemplazar, la democracia pasiva por una democracia inteligente que aplique políticas y estrategias orgánicas y activas, con sensatez, sin corrupción.
Toda una voluntad en ese orden, y la real disposición de llevar un proyecto común.
Entonces, las conclusiones de la reflexión colectiva, se transmutarán en hechos.

