Opinión

PRECISAMENTE

PRECISAMENTE

En política ocurren cosas muy diversas y, a veces, imprevisibles. El político debe comprender y reaccionar en la urgencia del momento. No todo se puede prever o ni controlar; pero siempre se puede estar en la disponibilidad de saber manejarse con la situación que se produce, entenderla desde la lucidez y el sosiego para abordarla con receptividad y apertura; consciente de que, en todos los ámbitos de la vida, es importante la ecuanimidad. Esta palabra por sí misma es muy significativa, es mantenerse imperturbable a pesar de la ganancia o la pérdida.

La mente firme no se doblega ante la certidumbre ni en la incertidumbre.

Ser ecuánime permite visión clara y entendimiento correcto. Implica sabiduría especial, que en todo momento es esencial, y, así, aplicable en las difíciles circunstancias actuales, repletas de implicaciones complejísimas, sobre todo, dentro de un panorama electoral, que parece una guerra de egos.

El de un candidato contra el otro, el ego de un partido contra el otro.

El ego desmesurado, que crea conflictos, tensiones, presiones, descalificaciones, resentimientos y otras.

Es un fuego cruzado de la arrogancia, de la prepotencia, la vanidad y el orgullo desmedido. Estos males generan el infortunio del estrés. Puedo afirmar que, el estrés se previene cuando se neutralizan las situaciones que provocan ansiedad

Hay que saber fluis.

La flexibilidad es vida; la rigidez es muerte.

Así, la ecuanimidad es un factor que controla exaltar lo placentero y evita hundirse en la desesperación.

Es cuestión de educación.

El ganador o perdedor que cultiva la ecuanimidad, tiene autodominio, el cual lo hace dueño de una inteligencia que lo acredita como persona respetable y distinguida.

El Nacional

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