Opinión

Precisamente

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Ética y anticorrupción

Tal vez hoy, más que en ninguna otra época, la ciudadanía está llegando a un nivel  elevado de percepción de la realidad, que engloba muchos aspectos de lo que ha generado el agujero negro de la institucionalidad que corroe la sociedad,  la corrupción.

Al mismo tiempo, esa sociedad propugna por una gobernabilidad democrática sustentada por la ética y la anticorrupción.

La exigencia es planteada a través de los medios de comunicación en pleno destape colectivo. Mediante propuestas concretas, nos hacen caminar hacia un mejor desarrollo.

De ahí que el libre acceso a la información pública no es coyuntural, una sociedad que derrote la palabra es una sociedad antidemocrática.

La democracia es el sistema que permite establecer la diferencia entre el consenso y el disenso y hay que abogar por la cultura del pluralismo; la función del periodismo es la visualización del consenso, y en la regla del juego democrático el disenso se respeta aunque sea de minoría.

¿Hasta qué punto los públicos inciden en los temas? Depende de  quiénes, cuándo, cómo, dónde y para qué se utilizan.

El comunicador es el usuario activo, porque tiene el derecho que el pueblo le da a indagar cómo se manejan los asuntos públicos, sin permitir que se desdibujen las realidades, su misión es lograr la credibilidad de sus relatos sobre asuntos relevantes de la comunidad.

Una institución que vive en la esfera pública, no puede estar atrapada en la doméstica. Tiene que saber qué representa, y con cuáles principios morales, ética y valores cuenta para operar y las personas que selecciona para la administración de sus unidades. No hay elección separada del camino de la ética, señalizado con los distintivos indelebles de la moral y los valores.

El Nacional

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