En estos tiempos turbulentos, las personas que guían grupos dentro de las organizaciones, requieren de un tipo de liderazgo que pueda adecuarse con facilidad a distintas situaciones y perciban los cambios de comportamientos necesarios para cumplir con los objetivos del grupo con el que trabajan.
para una persona con cierto nivel, por su competencia profesional, que se encuentre en un plano nuevo, donde casi todas sus posibilidades tienen que ver con el buen trato hacia los demás, no todo lo constituye su manejo verbal, ni siquiera la destreza técnica en su rol ocupacional. Lo que cuenta en todo momento, son las relaciones humanas basadas en la humildad, ecuanimidad y autocontrol.
Hay quienes pueden tener el mejor entrenamiento, ser brillantes intelectualmente y, sin embargo, eso no basta. La actitud emocional es lo que marca la diferencia crucial entre la sensatez y la mediocridad. Si no domina sus emociones y su afán de protagonizar las cosas, entonces, se impone irremediablemente el conflicto. Un conflicto mal manejado, con facilidad se multiplica y hace colapsar cualquier proyecto por bien que se vea.
Conflicto es contradicción permanente, discrepancias, incompatibilidad y antagonismo.
Cuando las personas trabajan juntas para lograr metas comunes, o participan en equipo dentro del trabajo, aunque tengan roles diferentes, estos roles deben ser complementarios. Lo que cada uno hace, influye en lo que hace el otro. ¡Claro! Todo depende de los recursos de cada uno; la combinación entre interdependencia y diferencia de perspectiva logra que el conflicto sea inevitable.
Hay que comprender necesidades, deseos y metas comunes, sustentadas en el respeto recíproco y, sobre todo, con sentido de cohesión grupal a través de lazos de solidaridad. ¡Jamás empujar! Ni Intentar con la hostilidad.

