Familia en peligro
Es incuestionable que la institución más importante, pilar de la sociedad, es la familia, base del desarrollo personal y formadora de los valores básicos.
En estos tiempos, la familia es víctima de la más cruel criminalidad.
Padece también la pobreza y otras penurias constantes, que generan la carencia de los recursos más elementales.
Entre estas penurias, hay que citar el desempleo y la continua incertidumbre económica, situación que impacta en el hogar.
Dificultades graves golpean de forma ruda la cotidianidad. Dificultades para el acceso a bienes y servicios elementales como salud, alimentación, vivienda, ingresos y educación.
Puedo decir, a modo de descripción general del hecho, que cualquier intensificación de la tensión social se manifiesta en una serie de agudas y dolorosas situaciones, transformadas en una amargura colectiva en el alma del pueblo.
En esa misma sociedad, el espectro de la violencia, a veces, con una delincuencia sofisticada, tanto en las calles, como en el propio hogar, desde mi perspectiva, es lo que ha ensombrecido la mente y el corazón de la gente.
Debido a que existe tan alto nivel de tensión psicológica, la vida contemporánea resulta ser precaria y arriesgada aventura, hasta el punto de que la mayoría se conformaría con la garantía de la supervivencia y la seguridad, ya que se ha visto defraudada y con la esperanza hecha pedazos.
Nadie ignora cómo todo esto incide en una enorme disminución de la producción. Y contribuye, por tanto, a desarticular la familia.
La desarticulación de la familia, provoca, a la vez, daños muy severos en todos los planos básicos que sustentan la sociedad.

