Desorden
El desorden económico que genera la crisis mundial, ha creado una lucha entre los sectores sociales de nuestro país.
Sin más ni más, hemos caído en una confrontación de clases a través de una lucha de intereses entre quienes detentan el control, más o menos numerosos, más o menos estratégicos en el desarrollo del país.
Cual más, cual menos, es posible que con la afirmación anterior, nos demos cuenta de que la verdad absoluta no la tenemos los humanos, y quizás sea mejor así.
Porque es esta carencia la que nos hace permanecer en su búsqueda, por la ingente necesidad de la excelencia humana y en la urgente angustia existencial de una mejor calidad de vida.
Como un acontecimiento de importancia universal puede considerarse el llamado nuevo orden económico mundial, pero esto supone por sí mismo un mejoramiento de la situación humana en todos sus aspectos y que todos los pueblos pueden poner en práctica por su propia cuenta ese modelo.
Hay que constatar inevitablemente que no es así, y que la única traducción que tiene para perjudicarnos unos y otros es el nuevo desorden económico mundial.
No habrá desarrollo científico propio y original sin una civilización de tradiciones auténticas e igualmente originales, es indispensable que este país cobre previamente consciencia de esa civilización y de los valores.
Todo esto amerita un amplio debate de una concepción global, impulsada desde los ámbitos gubernamentales o no, de manera que el bienestar social no puede ser un lujo reservado a quienes tienen sus necesidades satisfechas, sino que está profundamente relacionado con la organización de la sociedad, que es la que le confiere su dinanismo.
