Vivimos una época que resulta apasionante. Los sistemas de comunicación, la economía, los mercados y, en definitiva, el mundo cambia vertiginosamente.
…Sí, todo de prisa.
Así en nuestra sociedad, estos cambios nos ofrecen la oportunidad de gestionar un objetivo común de convivencia, cohesionados en base a unos valores con amplitud de miras, a través de las interrelaciones que implica, un entorno de confianza y reciprocidad, el cual requiere un compromiso garantizado por hechos, no por palabras, en este contexto todos podemos mejorar.
Se plantean muchas interrogantes que preocupan a políticos, educadores, empresarios, economistas, trabajadores, directivos, religiosos y ciudadanos en general de cómo puede ser la forma de vida, la estratificación social, el papel de la cultura, la naturaleza de los procesos productivos, la economía, el impacto medio ambiental de la tecnología, la manipulación de la misma, la salud, la educación, la alimentación, y otras.
En consecuencia, hemos llegado a una era protagonizada por el triunfo de las tecnologías que transforman un orden natural en otro artificial, que nos desplazan de la realidad a lo virtual, como exponente de la capacidad que el conocimiento actual posee a una realidad mas allá de la ley natural.
Y justo, esta realidad, está sujeta a una dinámica o a un ritmo temporal de gran aceleración, basada en la velocidad de las transacciones electrónicas que no pueden evitar el conjunto de retos en muchos siglos, los de siempre crisis, recuperaciones, estabilizaciones, desequilibrios derivados de una sociedad compleja, difícil de manejar, llena de contradicciones, incertidumbres, políticos sin certeza caracterizados por las teorías del caos, que resaltan la perplejidad sobre lo que pasa y lo que queda por venir nada más absurdo e irónico.
