Descrédito
La falta de confianza de los pueblos en los políticos, tiene en la ausencia de trascendencia, una causa evidente.
La gente lo ha detectado así: se ha pasado de una ética del esfuerzo a beneficios puramente personales.
Necesitamos oídos nuevos para entender que los políticos pueden crear las condiciones elementales de una buena convivencia.
No se puede ignorar el infierno a fin de ganar el cielo. Pienso, que debemos atravesarlo todo. No se trata de o esto o lo otro, sino de esto y lo otro.
A diferencia de la búsqueda de los verdaderos valores del hombre, pasamos por un avanzado proceso de descrédito político.
Esta es una época de desaliento, desencanto, confusión, mentiras descaradas y de promesas incumplidas
La sociedad dominicana está compuesta por gobernantes y gobernados.
A todos nos corresponde una cuota de responsabilidad en lo bueno y lo malo del desconcertante espectro político.
¿Qué es lo que pasa realmente en este país?
Esa es la pregunta que más interesa e inquieta a la gran mayoría de los dominicanos. Y algo ha estado ocurriendo. Por accidente o por designio. Pero todo, absolutamente todo, bajo una sospechosa e intrigante sucesión de notables hechos, los cuales no se han distinguido necesariamente por ser favorables a la estabilidad que nos merecemos.
No hay dudas de que existe un desequilibrio o desajuste en alguna parte.
Ahora, nada podemos considerar aislado.
Tras el asunto más trivial, existen hechos individuales que evidencian males que contravienen el bienestar y la paz de todos nosotros.
Sin embargo, este mismo pueblo expresa su tristeza colectiva de un modo socialmente aceptable.
Nuestra sociedad precisa de una estructura que dé consistencia a la confraternidad de unos y otros, mediante el compromiso común de una renovación integradora y purificadora en un tiempo y un espacio determinados, sobre todo, basados en el respeto a la vida, de la justicia y el amor al prójimo.
A menudo, se describe un mundo en que las ambiciones políticas hacen pedazos los verdaderos valores humanos.
El curso de los acontecimientos que hemos vivido a través de la historia no es el único medio de conservar las huellas de un pasado que debe ser abolido.
La gente del país, en su desconfianza política, está cansada de ese juego incalificable de enajenación verbal para caprichos y satisfacciones personales.
Porque sólo crea alteraciones emocionales con sus secuelas de crisis, angustia, ansiedad, depresión, hambre, miedo, irritabilidad, apego a lo material y todo tipo de conflictos.
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