2009 en equilibrio
Estamos en un momento en que se derrumban las pseudoleyes de la historia. Se da, naturalmente, el choque entre obligaciones conflictivas y deseos incompatibles.
Algún grado de conflicto es incluso deseable. Ya que sin un poco de tensión, se inhibe el flujo de la vida. Algunos conflictos menores se resuelven mediante la razón; pero sólo alcanzan soluciones temporales. Los conflictos serios no desaparecen fácilmente, de hecho, a menudo surgen precisamente debido a una actitud racional unilateral, y así es más probable que se prolonguen antes que se solucionen con la razón pura.
Cuando esto ocurre, resulta apropiado preguntar: ¿Qué es lo que se quiere?
Esta pregunta hace surgir la función de sentimiento, la cual evalúa qué es importante para unos y otros, ya que un conflicto serio involucra invariablemente una disparidad entre el pensamiento y el sentimiento.
¿Cuándo existe una alternativa entre dos opciones incompatibles o separadas? ¿Cómo discernir entre la inteligencia y la emocionalidad?
Llegar a este punto es como estar parado en la cima de una montaña observando una terrible tormenta; la tormenta puede seguir, pero si estoy fuera de ella y he logrado cierta objetividad, sin estar emocionalmente involucrado, se produce una sensación de paz. Este proceso requiere paciencia y autocontrol. De otro modo no se puede mantener la tensión y se tomará una decisión en forma desesperada, sólo para escapar de la tensión, que crea el desequilibrio entre lo racional y lo irracional.
El que teme al irracionalismo en la misma proporción, reverencia a la racionalidad. El temor al irracionalismo es, valga la paradoja, también una irracionalidad, porque la irracionalidad tiene (y sigue la paradoja) sus razones. Si no se analizan éstas, no puede superarse válidamente aquélla.
Para el racionalista, la irracionalidad es solamente la ausencia de razón. Si la razón es la luz, la irracionalidad es la oscuridad, si aquélla, la vigilia, ésta el sueño. El racional, a menudo cree que hay cosas que pueden ser conocidas, aunque no lógicamente, más aún, en última instancia, que nada puede conocerse, a menos que sea mediante las reglas lógicas. Y justo en esto se diferencia de los lógicos formales. Sólo que mientras el lógico se resigna a su impotencia, el irracional persiste en ver más allá. Y, más allá.
La sobreespecialización de las disciplinas y los expertos no puede pretender apropiarse de la razón. No basta con denunciar la irracionalidad para ser racional. La racionalidad se caracteriza por la capacidad de argumentar, de enfrentar las objeciones adversas a las resistencias de la realidad, de confrontar teorías y hechos, se opone a la irracionalidad, que proviene de la misma fuente, y se cierra a todo aquello que no entra en el sistema lógico que construyó. El peor enemigo de la racionalidad es la irracionalidad, y viceversa.
¿Convendría un poco de uno y otra sin exageración para equilibrar? ¿Qué piensa usted sobre eso? ¿Sería útil el balance de las dos para este 2009?
cesarpichardo1@hotmail.com

