Opinión

Precisamente

Precisamente

Exhibición

En esta sociedad se hace culto a la exhibición.

Existe un –Cóctel- de reacciones mecánicas en el comportamiento de personas que mezclan sus dificultades y limitaciones con un tipo de exhibición, que se  convierte en patrimonio de las reuniones sociales.

Si, el –Cóctel- resultante se desarrolla dentro de un proceso de tal deterioro, que con facilidad se transforma en corrosivo.

Ante una situación así, surge una sensación de impotencia, mensurable y visible, que varia de una persona a otra, es pues, in negable, que el juzgarse impotente en determinado conflicto instalado o, por el contrario, sentirse con recursos de respuestas, sería lo que determinaría el momento. Pienso, que en estos casos conviene “atacar la huida” es decir, la retirada inmediata del núcleo central. No es igual la reacción emocional de un hombre ante un león, que la de su donador; este no tendría pánico, no le temblarían las piernas, ni sentiría sudor frío.

Tampoco, el que vive de exhibir tiene el poder. Fuerza, dientes filosos y ruidos del león, pueden ser manejables con inteligencia.

El que somete su vida a la exhibición es víctima de una desproporcionada información genética, cuyas tendencias e impulsos lo conducen a la autodestrucción. ¿Para qué exhibir?…

Los títulos representan, no son el ser ¿Por qué, sostener una elevada opinión de si mismo? ¿También los demás tienen que tenerla?

Pierdo cuando uso mis talentos para exhibir, gano cuando es para ser.

Mi mirada siempre está en el exterior. Busco el éxito no para ser feliz  por mis capacidades, sino para que los demás me feliciten y me tengan en cuenta.

Vivo con una dependencia de las otras personas, busco su aprobación y su juicio, me importa en grado máximo, sin embargo, está situación me prohibe cualquier error,  cualquier limitación y si me equivoco en algo lo considero una catástrofe.

Desde mi perspectiva tiendo a despreciar a las personas humildes y débiles porque no están a mi nivel. He de salvar la exhibición, pase, si no lo hago estoy en decadencia; Quien me cuestiona algo le respondo algo con sarcasmo, ironía, suficiencia y desdén. En vez de una sonrisa.

Bien, no es fácil detectar el síntoma de la exhibición y, sobre todo reconocerlo como signo de comportamiento desajustado… Se necesita hacer balance de las consecuencias del hábito de la exhibición, evaluar el precio a pagar por llevar esa máscara. Hay que serenarse, buscar el silencio y vivir a partir de la nobleza del corazón, allí reside, el verdadero sentido de la vida.

cesarpichardo1@hotmail.com

El Nacional

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