Digamos, una vez más, que la comunicación global es una realidad. El potencial de tecnología ha mejorado todo el espectro de la actividad humana, o, perdón… lo ha descompuesto. Con certeza, se trata de un rompimiento decisivo con el pasado.
Sabemos que existe un sentimiento de malestar por los proyectos de ley Stop Online Piracy Act (SOPA) y, Protect IP Act (PIPA). Hay reacciones de fuerte hostilidad contra ellos y muchas personas han utilizado razones enojosas para expresar un rechazo contundente.
Se puede afirmar que representa un peligro la aspiración de cercenar la libertad de expresión. ¡Cuidado con eso!
No se puede volar libre, aunque existe en muchos el interés en destruir la jaula, pero confiados de que las aves no escaparían. Parece que desconocen lo que pueden hacer las bandadas de las aves desencadenadas en muchas direcciones, usando los métodos que les parezcan beneficiosos, para consolidar sus actividades.
De lograrse el propósito de los autores de ciertas iniciativas, irían a la quiebra económica muchas compañías.
Actuar sin cautela sería brutal, inhumano e insensible, acarrearía consecuencias indeseables. No existe una forma de seguridad total cuyas condiciones impidan emprender la audacia que constituye la piratería. Tampoco nadie quiere ser objeto de una demanda y de un juicio en los tribunales.
Estas medidas reflejan precipitación en las actuales circunstancias, y su improvisación repercutiría como el despertar de un gigante dormido.
Así, los que viven y respiran esta civilización cibernética, están en la cuerda floja, unos y otros. Si no se avienen al respeto del sentido común, no podrán aprovechar las jugosas ventajas del universo digital.

