Al enfrentarse con su medio ambiente físico y social, al conocer la realidad y reaccionar a sus estímulos, el hombre experimenta cambios anímicos y orgánicos de consideración, que son el reflejo subjetivo de los efectos que ese ambiente le causa.
El individuo se pone alegre o triste, enojado o temeroso, siente amor u odio, de acuerdo a la forma en que les afecten los fenómenos de la realidad que le rodean; es decir, dependiendo de la manera de que el medio físico y social se relacionan con sus necesidades y deseo.
Todo radica en el sentido de comprensión e interés de desactivar lo que nos afecta en cada caso. Así, se siente un gran alivio cuando logramos escapar de cualquier pre-ocupación.
Literalmente la palabra pre-ocupación, significa antes de la ocupación, esto es lo que hacemos antes de hacer algo para resolver una situación.
Las preocupaciones son un síntoma de las personas atormentadas por la angustia y sólo se pueden experimentar ahora con respecto a algo que está en el futuro y sobre lo que no se tiene control. El futuro es impredecible, pero, hasta cierto punto, porque una persona con absoluto control de su presente y conocimiento realista de su pasado puede perfectamente planificar su futuro con seguridad de que podrá resolver los imprevistos.
La preocupación es pensar en el futuro con ansiedad y confusión. Como todo pensamiento neurótico, también genera síntomas psicosomáticos, como son: alta presión sanguínea, tartamudez, trastornos gastrointestinales, anorexia, obesidad, inseguridad, desconfianza, depresión, desesperación.
Preocuparse es, perder el tiempo, en fin, si me hubiera preocupado por algunas de estas posibilidades del futuro, no habría escrito nada, limitándome a una existencia improductiva.
El ahora, es lo único que hay y lo único que habrá siempre.

