Opinión

Precisamente

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Desafío del adolescente
Dedico este trabajo a los padres con hijos adolescentes.

La gente habla con extraordinaria sinceridad sobre los nuevos  retos que confronta la adolescencia, el vertiginoso aumento de inseguridad e intensidad en la vida de los adolescentes que los mantiene bajo una gama de presión constante, conflictos de identidad, de autoconfianza, situaciones de los compañeros, y también el deseo de establecer diferencia con sus padres.

Las reglas de la educación de los adolescentes están cambiando, hoy  se les juzga según normas nuevas: la formación de otros tiempos parece en desuso.

Las nuevas reglas vaticinan un verdadero desastre, que miden características cruciales que los hacen aptos para contribuir más al colapso de nuestra sociedad. Es poca la relación con lo que la escuela señalaba como importante; para esos patrones, ahora, la preparación académica no tiene suficiente relevancia, parece sustituida por una “educación portátil”.

Sé que todos albergamos inseguridades, son muchos los riesgos, pero también son múltiples las posibilidades del desafío. A lo largo de la vida desempeñamos distintos papeles. Y hay que encontrar el bienestar emocional y espiritual del adolescente que es el centro de su identidad, a través de un entorno estable y saludable.

La vida ajetreada que llevamos  conspira para una programación minuciosa, porque supone cada vez mayor stress y menos tiempo para nuestros hijos. Como padre, pienso, que el mayor desafío consiste en la previsión y la  atención constante de su evolución como individuos, cada día presentan situaciones distintas a las que hay que dar respuestas.

Los adolescentes también enfrentan nuevas dificultades que tienen que aprender a resolver y a menudo, ante estos intentos, viven frustraciones; familias que ni siquiera saben compartir en una mesa, las desaprovechan por ignorancia o carencia de buenas costumbres, lo que refleja una lastimosa indisciplina. A veces, se confunden los roles.

¿Qué hacer? Recuerdo al psicoterapeuta Dr. Octavio Rivas Solís con su transformación trascendente. Esa es la clave, transformar el hogar en un oasis de paz en el desierto de la sociedad, crear encuentros con los adolescentes y la familia, no con elementos materiales, sino con ejemplos nutritivos donde el propósito sea elevar el nivel de espiritualidad. Así, ésta nos ayuda a saber fijar los límites claros, ofrecer orientaciones, capacidad de guiar a nuestros muchachos, escuchar con interés lo que quieren decir los adolescentes y a la vez poder estimularlos a expresar sus emociones. Luego, con paciencia permitir sus interrogaciones.

Entonces, ofrecer respuestas claras que fomenten la responsabilidad y el valor de la solidaridad familiar, porque no se necesita un alto grado de inteligencia emocional para conocer y controlar las emociones, sólo se requiere deseo de aprender a ser empáticos y usar la motivación, de abrir el autoconocimiento que nos permite entrenar, leer y practicar para lograr que nuestros hijos puedan vivir en sociedad.

El Nacional

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