El desorden económico mundial que genera el petróleo, ha creado una lucha entre los sectores sociales de nuestro país. Sin más ni más, hemos caído en una confrontración de clases a través de una lucha de intereses entre quienes detentan el control, más o menos numerosos, más o menos estratégicos en el desarrollo del país. Cual más, cual menos, es posible creer con la afirmación anterior, que verdad absoluta no la tenemos los humanos y quizás sea mejor así, porque es esta carencia la que nos hace permanecer en su búsqueda, por la ingente necesidad de la excelencia humana y en la urgente angustia existencial de una mayor calidad de vida.
La realidad cruel, es la crisis económica mundial.
Como un acontecimiento de importancia universal puede considerarse el llamado nuevo orden económico, pero esto supone, por sí mismo, una mejoría de la situación humana en todos sus aspectos y que todos los pueblos pueden poner en práctica, por su propia cuenta, ese modelo. Hay que constatar inevitablemente que no sea así, y que la única traducción que tiene para perjudicarnos unos y otros es el »Nuevo Desorden Económico Mundial»
Esto amerita un amplio debate dentro de una concepción global, y no puede ser un lujo reservado a quienes tienen sus necesidades satisfechas, sino que esta profundamente relacionada, con la organización de la sociedad que es la que le confiere su dinamismo.
En efecto estos factores ponen de manifiesto la estrecha interdependencia de los conflictos en el mundo actual. No se les puede dar solución por separado. Por tanto, una visión global debe normar toda tentativa de resolver las diferentes situaciones contemporáneas. Sin embargo, el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.

