A menudo conversamos sobre cualquier tema. Las preguntas y las respuestas forman parte esencial del proceso que permite ampliar el conocimiento mutuo.
Se puede dar por seguro que no lo sabemos todo acerca de las personas que nos relacionamos a diario. Pareja, hijos, familiares, amistades y con quienes trabajamos, aunque resulte paradójico, son desconocidos.
Preguntar, significa una manera útil de comunicación que logra comprender, consolidar y encauzar una relación con un objetivo común.
Es interminable la lista de palabras que identifican las cosas importantes que tenemos en la mente. Principios, amor, dinero, trabajo, salud, educación, sexo, política, religión, integridad, espiritualidad, vida, muerte, orgullo, conflictos y muchas otras que constituyen la forma concreta y abstracta del individuo proyectarse.
Una valiosa manera de aprender, es darse el permiso de expresar preguntas; son las que abren el camino a la comprensión.
A la gente no le importa decir lo que ha hecho, pero no es partidaria de decir por qué lo ha hecho.
Conviene ser cuidadoso y delicado con las preguntas. Es preferible utilizar el tacto y evitar preguntas capciosas, suspicaces, provocadoras, manipuladoras. Todos reaccionamos con escepticismo a las preguntas que tocan intimidades y conflictos, no resueltos.
Cuando se formulan preguntas no es obligatorio exigir respuestas. Muchas veces, el aspecto emocional de la respuesta comunica más que las palabras por sí mismas. Existen preguntas y respuestas correctas e incorrectas, sinceras e insinceras.
Hay que dejar a los demás expresar sus opiniones… Preguntar es un desafío constante a las actitudes humanas. Hacer preguntas es un arte que merece ser cultivado por siempre… Seamos más agradables unos con otros.

