Crisis y economía
Las expectativas que ha generado la evolución de las cifras económicas del país, después de aplicar medidas orientadas a ampliar el papel del mercado en los procesos económicos, han quedado insatisfechas en el marco de la realidad. La indeseable crisis mundial ha agravado el problema.
Este momento llama a incluir las implicaciones sociales en el diseño mismo de la política macroeconómica y de las reformas estructurales.
La opinión pública refleja que, para muchos dominicanos, sus economías no marchan bien y su calidad de vida es peor que las de generaciones anteriores.
La pobreza alcanza índices sin precedentes.
Se aprecian grandes desafíos: crecimiento lento y sin equidad, persistencia de la pobreza e inseguridad personal, entre otras cosas.
En el plano económico, hay que hablar del diferimiento de los pagos de intereses y amortizaciones de la deuda externa, que absorben cientos de millones de dólares.
Hay que pensar detenidamente en el financiamiento al sector eléctrico y del gran déficit cuasifiscal. Se hace necesario un nuevo enfoque.
Los analistas de muy diversas fuentes presentan un país en profunda conmoción.
Los hechos crean fuertes protestas sociales, que toman formas diferentes. Sin embargo, existen al mismo tiempo datos esperanzadores, a pesar de la grave situación. También esos datos económicos críticos destruyen buena parte de la ilusión económica; pero no han doblegado la ilusión de la democracia.
El Gobierno, pensamos, no caería en tentaciones autoritarias.
Tenemos una sociedad civil articulada y activa, que exige con vigor una real participación ciudadana en el diseño y aplicación de las políticas públicas, transparencia, control social, profundizar la descentralización del Estado y metas semejantes.
Todo esto abre posibilidades importantes de acción para políticas renovadoras.
Urge pensar en nuevas ideas en aspectos cruciales, entre ellas: diseñar políticas económicas con verdadero sentido humanista, inspiradas entre Estado, empresas y sociedad civil, en todas sus expresiones, para enfrentar la pobreza.
¿Por qué la práctica de la corrupción viola la ética, las leyes, causa todo orden de daños económicos directos, y también daños económicos indirectos, y, algo más importante aún en todo esto, gravísimos daños morales?
Hay que concluir que hay estrecha correlación entre desigualdad y corrupción. Cuando los niveles de iniquidad son más altos, mayor es la corrupción esperable.
Detrás del rol de los gobiernos y los niveles de corrupción, hay un factor común, los grados de equidad. Donde aumenta la igualdad, si se mejora la calidad de la actividad estatal, se reduce la corrupción y favorece el acceso de todas las personas a los bienes y servicios necesarios, lo cual creará condiciones contrarias a las que alientan la corrupción.

