Sin dudas que los valores de una sociedad deben sustentarse en sus jóvenes y cuando el rumbo no es el correcto, entonces la sociedad misma marcha hacia donde no debe.
Creo que esa fue la razón por la que se creó no sólo el Ministerio de la Juventud, sino también los premios que sirven de motivación para que adolescentes comprendan que son importantes para su familia y la sociedad en su conjunto.
Sin embargo, tanto el Estado como la familia no deben perder de vista las políticas de reforzamiento de los valores.
Debemos al valor moral nuestra conducta en el medio social y podemos valorar la conducta del otro (ya sea buena o mala). Toda acción humana es susceptible de valoración.
El valor tiene un carácter histórico, por el hecho de que no es un producto arbitrario de las personas, sino que se constituye y se toma conciencia de él en la relación social que establecen los humanos en el medio que les circunda.
Las personas que piensan que por tener dinero están al margen valorativo de los demás, serán dioses o bestias, pero no seres humanos.
En frases como todos tenemos un precio, ya no se puede confiar en nadie uno trabaja y trabaja y nunca consigue nada, son expresiones que demuestran el nivel de frustración y confusión en que se encuentran nuestros jóvenes.
La sociedad dominicana está atrapada por uno de los más terribles males de la contemporaneidad, el de la inmoralidad social, que todos reconocemos en el concepto de inversión de valores.
Cada año el Estado, a través del Ministerio de la Juventud, premia a jóvenes destacados en cada uno de los renglones escogidos, previo un proceso que recorre todo el territorio nacional, lo que además sirve como motor de incentivo.
Aunque este año la ceremonia no contó con la promoción de otros años, no se puede dejar de reconocer el esfuerzo positivo que hicieron esos muchachos bajo la dirección del ingeniero Jorge Minaya para que todo saliera bien.

