Opinión

Prensa y Haití

Prensa y Haití

Orlando Gomez

Soy de los que consideran la libertad de la prensa un elemento innegociable para una sociedad libre y democrática, no obstante ello, como ente que se mantiene cerca a los ojos y oídos de las sociedad, es importante que esta mantenga el sentido de la responsabilidad sobre lo que publica y la forma en lo hace. En el caso de la prensa dominicana, los temas que giran en torno a la situación de Haití y la inmigración haitiana son particularmente sensibles, y la forma como están siendo abordados deben ser reevaluados.

La novela periodística de la semana ha sido la protesta realizada en el Parque Independencia por personas afectadas por la Sentencia TC 168-13 y una contra-protesta realizada en el mismo lugar. El uso de titulares con palabras cargadas, caracterizaciones equivocadas, el despliegue inacabable de citas y opiniones de los “patriotas” indignados, y la poca atención al reclamo de los que protestaban (pacíficamente cabe decir), sólo sirven para exacerbar una situación de por si tensa.

No hay que ir muy lejos para ver las consecuencias instantáneas del lenguaje empleado en la prensa, los comentarios de los “cyberpatriotas” debajo de esas reseñas y en las redes sociales son bastante ilustrativos. Todo lo relacionado al tema Haití en nuestro país ha sido degenerado en una mezcla de preocupaciones válidas sobre inmigración con miedos irracionales que han pululado en la psiquis nacional con la propagación de mitos, fábulas y exageraciones sobre nuestra historia.

La prensa dominicana debe recordar su rol en el discurso nacional, y entender la responsabilidad que recae sobre sus hombros. Es razonable que en el curso del ejercicio de su trabajo los periodistas dejen el tufo de sus opiniones personales en las informaciones que transmiten, pero de ahí a alimentar los miedos irracionales de toda una población hay una línea bastante gruesa que no debería ser cruzada, pero que la prensa criolla insiste en violentar.

El rol que la prensa ha tenido en crear divisiones, promover odios irracionales y esparcir propaganda ha sido bien documentado a lo largo de la historia, desde casos relativamente tenues como en el Reino Unido con Brexit o en Estados Unidos con Trump, a situaciones verdaderamente horrorosas como en la Alemania Nazi o en Rwanda. La prensa dominicana, al menos la que aún se precia de tener credibilidad, debe tener mucho cuidado de no verse puesta frente a ese espejo.

La sociedad dominicana necesita más objetividad y conocer mejor los contextos si algún día aspira superar sus múltiples situaciones con Haití, y ahí es donde nuestra prensa debe jugar un papel protagónico en educar a un país que en gran medida es ignorante de sus problemas, sus necesidades y de su propia historia. Entiendo que sería un rol más noble y patriótico para los medios, que seguir alimentando divisiones y odios irracionales.

El Nacional

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