Los ecos del 2009
Pocas horas faltan para que el globo terráqueo complete su movimiento de traslación anual alrededor del sol, en tanto que los 6 mil 700 millones de seres humanos que habitan el planeta han visto pasar el año 2009 en medio de fuertes turbulencias económicas que han deteriorado la calidad de vida a escala planetaria.
En efecto, lo que desde mediados del 2009 estalló como una burbuja del sector inmobiliario de Estados Unidos al detectarse poco más de 2 millones de deudores imposibilitados de hacer frente al pago de sus préstamos hipotecarios, fue transformándose en una compleja crisis financiera que afectó a la economía real.
La explosión en Estados Unidos de la llamada burbuja inmobiliaria desencadenó una reacción en cadena sobre el sistema bancario, sembrando el caos y la incertidumbre sobre el conjunto de la economía y lanzando fuera de sus viviendas a centenares de miles de familias norteamericanas que no pudieron pagar sus gravosas deudas.
Los nervios se tensaron cuando en marzo de 2008 se hundió Bear Stearns, uno de los principales bancos de inversión de EE.UU.
Después siguieron Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman Brothers y American Insurance Group (AIG), entidades que tuvieron que acudir a tocar las puertas del gobierno para poder pasar el temporal.
Fue entonces cuando los sectores empresariales que aborrecían toda intervención del Estado en las determinaciones financieras y económicas corrieron presurosos ante el Gobierno norteamericano para solicitar, con sus rodillas puestas en tierra, una urgente labor de salvataje financiera para evitar el crash o quiebra generalizada en Wall Street.
Y como por arte de magia, la Casa Blanca dio luz verde al Tesoro y el Sistema de Reserva Federal (FED/Banco Central) para que acudieran presurosos en auxilio del sistema financiero, culpable en gran medida del caos imperante al ignorar las elementales normas prudenciales en materia de préstamos.
Unos 700 mil millones de dólares fueron puestos a la disposición de la élite bancaria de Wall Street, sin prestar la debida atención a los deudores hipotecarios que
prácticamente quedaron a la deriva, sin recibir un apoyo financiero sustancial e inmediato.
En su libro El capitalismo financiarizado (2009) el economista Costas Lapavitsas, profesor de la Universidad de Londres, es enfático en denunciar: En cuanto a quienes proponían canalizar enormes sumas de dinero público hacia los bancos, ni siquiera se les ocurrió poner algunos fondos a disposición de quienes estaban perdiendo sus casas.
Pero no se trata en este artículo de hacer la historia de la crisis económica que se gestó en las entrañas financieras de Estados Unidos y que se propagó por todo el globo terráqueo durante el 2009, sino de poner en evidencia un hecho cierto: los efectos del terremoto financiero recayeron con fuerza sobre los sectores sociales vulnerables.
Otra cosa: no hay razones objetivas para tocar campañas y anunciar una plena recuperación de la economía norteamericana durante el 2010, pues existen muchos desajustes estructurales que hacen pensar en una recaída. ¿Pesimismo? No, realismo.

