Un bono es más que un instrumento de deuda que genera una obligación de pago fijo de una suma de dinero a modo de tasa de interés.
Quien emite el bono lo hace porque necesita dinero en efectivo para desarrollar determinado programa de inversión o con el objetivo de enfrentar determinados compromisos financieros para los cuales no cuenta con los recursos necesarios. Puede ser emitido por una corporación, una entidad crediticia internacional o por un Estado (bono soberano).
Las emisiones de bonos soberanos no constituyen un pecado capital para ninguna economía, sobre todo cuando se vive en tiempo de turbulencias y volatilidad (vaivenes) en los mercados financieros que demandan un colchón de divisas para reactivar las actividades productivas, comerciales y financieras.
La República Dominicana acaba de colocar en los mercados internacionales bonos soberanos por un valor de 500 millones de dólares. Los mismos fueron negociados a una tasa de interés real del 6,95 por ciento, evidenciando confianza y credibilidad de los inversores internacionales en el desempeño macroeconómico del país.
El pasado 25 de julio el presidente Leonel Fernández se refirió al citado tema, llegando a enunciar parte de las obras de infraestructuras y programas de apoyo a sectores productivos y sociales que serán financiados con el dinero captado por la venta de los bonos soberanos, cuyo monto ya estaba consignado en el presupuesto nacional.
Dos días después de las palabras del gobernante dominicano, economistas encuadrados dentro del terreno político opositor evidenciaron su falta de objetividad científica, al tiempo de afectar su credibilidad profesional al ofrecer informaciones tergiversadas y manipuladas sobre la colocación de los bonos soberanos.
Arturo Martínez Moya y el tristemente célebre Andy Dauhajre, entre otros economistas, tuvieron la osadía de afirmar que el gobierno dominicano negoció por debajo de la mesa una suma adicional de 16 millones 474 mil dólares, cantidad que sumada a los 500 millones de dólares, aumentaba ilegalmente el monto real de la emisión autorizada por el Congreso Nacional. Incluso llegaron a afirmar que la tasa de interés negociada no era de 6,95 por ciento, tal como se había anunciado, sino del 7,50 por ciento.
Sin embargo, el pasado 31 de julio el Ministerio de Hacienda dio a conocer la información de que el país acababa de recibir todo el dinero correspondiente a la venta de los 500 millones de dólares.
La entidad oficial agregó: En adicción a los 500 millones de dólares a las arcas del Estado Dominicano están ingresando 17 millones 725 mil dólares que es la prima que pagaron los inversionistas para poder comprar los 500 millones y que garantiza una tasa de interés real o rendimiento del 6.95% de los bonos dominicanos, la más baja obtenida por la República Dominicana.
¿Por qué algunos economistas tienden a desinformar a la población dominicana mediante el uso de estadística manipulada y carente de veracidad? ¿Cómo negar que la reciente emisión de bonos soberanos va a contribuir a un mejor desempeño de la economía nacional? El manejo técnico-científico de la economía no debe ser sustituido por la valoración política.

