Las turbulencias financieras en la Unión Europea y las malas noticias sobre la lenta y frágil recuperación de la economía de Estados Unidos se combinan en el preparado de un nocivo cóctel de inseguridad y desconfianza que podría conducir a la economía mundial hacia una nueva fase recesiva.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) luce desconcertado e impotente para transmitir confianza a los inversores europeos, norteamericanos y asiáticos que hoy manifiestan su incertidumbre en las operaciones bursátiles que se ejecutan en los principales centros financieros del globo terráqueo.
Ya Christine Lagarde, la recién estrenada directora ejecutiva del FMI, acaba de anunciar la inminente llegada de una nueva recesión europea, así como su propagación a escala planetaria. Los pronósticos de crecimiento económico para el año que transcurre se han revisado a la baja. ¿Fatalismo? ¿Declaraciones inoportunas? De todo un poco.
Esas declaraciones de la máxima funcionaria del FMI han desatado una tormenta en los mercados financieros globales. Robert Zoellick, quien está al frente del Banco Mundial (BM), ha externado su preocupación por los síntomas negativos que está mostrando la lenta recuperación de la economía mundial, pero descarta el advenimiento de una segunda recesión.
Hay nerviosismo en la comunidad financiera internacional y eso ha inducido a muchos inversores a refugiarse en las operaciones especulativas de los commodities (materias primas), especialmente, petróleo, oro y alimentos, lo que podría estimular alzas sostenidas en los precios de esos productos, en desmedro de los consumidores.
Y mientras todo eso acontece en los mercados internacionales, por los predios de la República Dominicana se levantan voces apocalípticas que anuncian el fin de la bien lograda estabilidad macroeconómica y del mantenimiento del crecimiento. Pero se trata de criterios contaminados con intereses político-electorales. Que no científico-técnicos.
Se recordará que durante los años tormentosos de la Gran Recesión (2008-2009) la economía nacional acumuló niveles de crecimiento satisfactorio. En efecto, durante los años difíciles de la crisis mundial la economía creció 8,8 por ciento. Muy por encima de la media latinoamericana y caribeña que alcanzó el 6 por ciento.
El hecho de que la economía dominicana haya registrado durante el primer semestre del 2011 una tasa de crecimiento del 4 por ciento pone de manifiesto una realidad incuestionable: nuestro país ha retomado la senda del crecimiento económico sostenida, como premisa básica para impulsar el desarrollo económico y social.
Por eso resulta lamentable que en un momento en que tanto Estados Unidos, principal socio comercial, así como la mayoría de las economías europeas enfrentan agudas crisis fiscales y de deuda que han desacelerado su crecimiento, amenazando incluso con provocar una nueva recesión mundial, economistas locales se dediquen a tergiversar la verdad para provocar expectativas negativas en los agentes económicos, tal como consta en un sustancioso documento producido recientemente por el Banco Central de la República Dominicana.
De lo que se trata ahora es de adoptar las políticas públicas necesarias para atenuar el impacto de una inminente desaceleración de la economía mundial.
