Hay quienes han dicho que el requisito esencial de los negocios es la prontitud, pero
Durante unos dos años la crisis económica mundial (que se manifestó con más crudeza durante el periodo 2008-2009) ha estado impactando sobre el desenvolvimiento de las negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Todavía los altos niveles de desempleo registrados en las economías desarrolladas frenan las iniciativas para retomar el escenario de Doha.
Estados Unidos, Unión Europea (UE) y Japón, entre otros países, concentran decenas de millones de personas alejadas de las actividades laborales y de un normal espacio en el mercado.
Casi una década ha transcurrido desde que en el 2001 se iniciaron los trabajos de la Ronda Doha.
Al decir de Pascal Lamy, director de la OMC, tanto los países desarrollados como los subdesarrollados se han puesto de acuerdo en el 80 por ciento de los temas objeto de negociaciones, pero el nudo gordiano se encuentra en el restante 20 por ciento: los subsidios agrícolas.
Charles-Maurice de Talleyrand (1754-1838), quien fuera un famoso político francés, llegó a sentenciar: En materia de negocios, nada hay efectivo mientras no estén terminados.
Las ayudas (subsidios) que distorsionan el comercio han devenido en reiterativas por parte de los gobiernos de los países ricos.
No pocos países miembros de la OMC sostienen que no se debe avanzar en las negociaciones mientras no existan garantías de que éstas serán reducidas significativamente.
Contrario a los compromisos sustentados por el gobierno norteamericano, las leyes agrícolas de esa potencia económica mundial, lejos de recortar las ayudas a los productores, las aumenta, actitud que ha incrementado la desconfianza y la confusión dentro de las partes negociadoras en la Ronda Doha.
Doha se encuentra en un punto muerto, aunque aparentemente los técnicos de los países miembros de la OMC celebran en Ginebra todo un maratón de reuniones.
Pero falta la todopoderosa voluntad política de las grandes economías para retomar un camino programado de negociaciones multilaterales que logre desbrozar la ruta hacia el entendimiento.
Así, en mayo pasado tuvo efecto una lluvia de ideas, propuestas y reflexiones acerca del impacto de la crisis económica mundial sobre los flujos del comercio internacional, así como su impacto sobre el escenario multilateral de negociaciones dentro de la OMC, pero no se arribó a ninguna conclusión práctica, realista.
Lo expuesto precedentemente pone en evidencia la falta de voluntad real de parte del mundo desarrollado por reducir y mucho menos eliminar las distorsiones presentes en el comercio internacional agrícola.

