La incidencia de los servicios dentro del comercio mundial es una realidad incontrovertible que ha concitado el interés de la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde su nacimiento institucional en 1995 y la entrada en vigor del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS, o GATS, por sus siglas en inglés).
Durante la segunda mitad del siglo XX la literatura económica minimizaba la importancia del sector servicios dentro de la generación de la riqueza material de una sociedad, poniéndose énfasis en los sectores agropecuarios e industrial. Pero con el desarrollo tecnológico en la esfera de la comunicación y la informática los servicios han pasado a gravitar significativamente sobre el conjunto de la creación del Producto Interno Bruto (PIB).
Y en la segunda década del siglo XXI el aporte del sector servicios en la creación del PBI mundial ronda ya un valor superior a los dos tercios, siendo el de mayor dinamismo en las economías desarrolladas (por ejemplo, en Estados Unidos los servicios representan más del 72 por ciento del valor de la riqueza creada por el conjunto de la sociedad), en tanto que en los países subdesarrollados supera en promedio el 55 por ciento del valor de la riqueza creada por conjunto de la sociedad.
Durante décadas el comercio internacional de servicios se expresaba en el uso de las telecomunicaciones, el transporte y los servicios financieros, pero con la expansión de la informática y los medios modernos de comunicación (pensemos en la Internet) las operaciones productivas se apoyan cada vez más en la esfera de los servicios, como parte integrante de lo que el economista norteamericano Jeremy Rifkin ha bautizado como la tercera revolución industrial.
Los países industrializados, debido a su desarrollo tecnológico y los altos niveles de financiamiento de las investigaciones científicas para el desarrollo (I+D) son los grandes exportadores de servicios dentro de la economía mundial, en tanto que el mundo subdesarrollado suele ser, en principio, importador neto, aunque en servicios turísticos, para citar un caso, registra niveles de incidencia en las exportaciones.
Según sea el grado de desarrollo de un país, será el nivel de complejidad de los servicios. Está comprobado que en la actualidad los países industrializados poseen un sector de servicios dotado de alta y sofisticada tecnología e intensivo en conocimiento, pero no sucede de igual forma en los países subdesarrollados.
En países como Estados Unidos, Francia, Alemania y Japón, para sólo citar algunos del mundo desarrollado más del 80 por ciento de sus ciudadanos conocen y utilizan las computadoras y su acceso a la Internet de manera cotidiana, en tanto que, por ejemplo, en la región latinoamericana y caribeña esta participación en el uso de las citadas tecnologías se estima que es doce veces menor que en el mundo desarrollado.
El predominio de la economía de los servicios suele caracterizar a países que, como República Dominicana, pertenecen al mundo subdesarrollado, pero eso no significa, bajo ningún concepto, que su base tecnológica e infraestructural se pueda equiparar a la que prevalece en los países industrializados.

