Hay que seguir apostando a la estabilidad en el tipo de cambio y en el fortalecimiento de la moneda nacional. Los economistas que se inclinan por la devaluación del peso dominicano tienen mala memoria histórica.
Economistas criollos sostienen que el tipo de cambio se encuentra artificialmente estable y postulan por una sincerización de la relación entre el peso y el dólar. Y aunque no se atreven a decirlo de manera concreta, son partidarios de la devaluación de la moneda nacional. Estamos en presencia de una conducta irresponsable desde la óptima científico-técnica.
Se sabe que el valor de una moneda puede aumentar o disminuir respecto de una divisa extranjera, aflorando en cada caso los fenómenos monetarios de la revaluación o la devaluación. Esta última es el reconocimiento oficial de la pérdida de valor del signo monetario nacional.
La devaluación de la moneda puede ser utilizada por un gobierno como un instrumento de política económica, pero sus implicaciones sobre el conjunto de las actividades productivas, comerciales y financieras podrían ser catastróficas si semejante decisión no se corresponde con el desempeño fiscal y monetario de la economía interna.
En República Dominicana las devaluaciones han sumido a la economía en graves encrucijadas donde el empobrecimiento de millones de ciudadanos y la quiebra masiva de empresas han generado serias turbulencias sociales y políticas.
José Lois Malkún, quien fuera gobernador del Banco Central durante el gobierno de Hipólito Mejía, considera que la actual estabilidad que se registra en el tipo de cambio es artificial, pues desde su punto de vista la tasa del dólar está fuertemente anclada y sobrevaluada, por lo que se inclina por una devaluación del peso dominicano.
Recordemos que a finales del 2002 el gobierno de entonces procedió a deslizar la prima del dólar de 16 a 20 pesos por un dólar. Lo que vino después fue la debacle total: la moneda nacional cayó por una pendiente resbaladiza llegando a cotizarse a 60 pesos por un dólar, disparándose los precios de todos los bienes y servicios a niveles insostenibles y arrastrando a la quiebra a centenares de empresas privadas.
Con la devaluación de la moneda nacional no se inventa. Un país o una empresa que tiene sus deudas, por ejemplo, en dólares, verá hacerse más costoso el pago de esas obligaciones financieras externas, pues tendrá que buscar más pesos para pagar el mismo monto de la deuda contratada en divisa extranjera.
¿Cómo es posible que tras la amarga experiencia vivida por los agentes económicos y la sociedad dominicana durante el período 2002-2004 algunos economistas traten de retomar el discurso de la devaluación económica como un instrumento de política comercial tendente a lograr una supuesta competitividad de las exportaciones, dejando de lado el costo de los bienes y servicios importados y el correspondiente incremento en los precios internos?
La devaluación genera inflación, es decir, alza en los precios de los bienes y servicios. La inflación es el impuesto más perverso que puede existir en una sociedad. La devaluación del peso dominicano sería un pasaporte al hambre, desempleo, crisis familiares y convulsiones sociales.
