Los saltos del PIB
Ningún concepto económico ha logrado tanta aceptación mundial como el archiconocido Producto Interno Bruto (PIB), el cual expresa el valor medido en dinero de la producción de bienes y servicios de un país durante un período determinado. Cuando se trata de calcular la riqueza creada por una economía o deducir si la misma crece o entra en recesión se suele hacer uso del PIB, en cuanto variable macrofundamental de las cuentas nacionales.
Un gran problema en la medición del PIB viene dado porque no establece distinción entre el ingreso creado por la producción de cosas favorables al consumo humano (alimentos, viviendas y medicinas, entre otras) y el que se genera, por ejemplo, por la fabricación de armas de todo tipo para la destrucción de la vida misma.
La medida del crecimiento económico viene dada por el Producto Interno Bruto (PIB), el cual suele captar la atención tanto de las autoridades monetario-financieras como de los actores políticos, por lo que la divulgación de sus estadísticas concita un marcado interés. Se trata de la variable económica que captura el crecimiento.
Así, el valor del PIB mundial que representa la producción de unos 194 países oficialmente reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alcanzó en el 2012 la suma de 71,8 billones de dólares, en tanto que para el cierre del 2013 se estima que superará los 75 billones de dólares.
En el caso de la República Dominicana conviene saber que la economía nacional ha crecido de manera impresionante en la última década al pasar de 21 mil millones de dólares en el tormentoso año 2003 a más de 59 mil millones para el pasado 2012.
Ahora bien, ¿es correcto utilizar el PIB como el más genuino medidor del crecimiento económico en un país dejando de lado la distribución de la riqueza? Ese indicador macroeconómico no revela realidades sociales sustanciales que se manifiestan a través de la distribución de la renta y su impacto en el entorno ambiental.
Y es que la medición del PIB suele ser engañosa toda vez que ella engloba a todo el que produce, sin detenerse a pensar la cantidad real que aporta cada quien, así como a establecer diferencia entre la persona que recibe anualmente mucho ingreso (dinero) y aquella que recibe muy poco.
Las Naciones Unidas toman en cuenta el PBI para definir las prioridades y necesidades en materia de cooperación internacional, pero el problema real es que se trata de un promedio que no muestra las diferencias que existen al interior de un país.
Incluso a muchos países subdesarrollados (tal es el caso de la República Dominicana) se le suele reducir o eliminar los recursos destinados a la cooperación internacional alegando que el valor del PIB se ha situado en los niveles de renta media sin tomar en cuenta las grandes desigualdades sociales..
La medición del crecimiento económico a través del PIB no basta para determinar su impacto sobre el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de un país, pero es obvio que sin un aumento en el valor de la producción de bienes y servicios no se podría implementar proyectos efectivos de desarrollo económico y social.
POR: Daniel Guerrero
guerrerodanielus@yahoo.com

