La cruzada del PIB
Hay que cuidarse de medir todo el contenido de una economía en función exclusiva del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB), dejando de lado el análisis del proceso productivo y su impacto en la calidad de vida de la población. Cuando se habla de PBI se está haciendo referencia al valor medio en dinero de todos los bienes y servicios producidos en un país, durante un período determinado. Se trata de una variable (es decir, un índice que nos permite calcular diferentes situaciones económicas) que expresa la riqueza material creada dentro de una sociedad dentro de x tiempo, generalmente un año.
Estamos en presencia de un indicador de la riqueza material generada por una sociedad que ha ganado aceptación dentro de la literatura económica mundial. Porque el PIB suele usarse para medir si una economía prospera o entra en recesión, así como para formular los planes presupuestales y definir las estrategias de desarrollo mediante la ejecución de políticas públicas.
El PIB dejó de ser un simple dato estadístico que utilizan solo los economistas. Ahora es algo popular, algo sobre lo que cada uno opina y lo que utiliza en su toma de decisiones.
La medida del crecimiento económico viene dada por el Producto Interno Bruto (PIB), el cual suele captar la atención tanto de las autoridades monetario-financieras como de los actores políticos, por lo que la divulgación de sus estadísticas concita un marcado interés. Se trata de la variable económica que captura el crecimiento.
Tanto los gobernantes de un país como los aspirantes a desplazarlos utilizan los datos del comportamiento del PIB para promocionar sus ofertas electorales ante los contribuyentes.
En la medición del PIB se agrega tanto al que produce mucho como al que no lo hace, así como al que recibe grandes ingresos como al que capta pocos. Por ejemplo, en las estadísticas suele aparecer un consumo por persona (per cápita) de tal producto, pero en la práctica hay personas que pueden comprar poco o nada del producto contabilizado.
Y aunque es cierto que las cifras de PIB pueden ser engañosas desde el principio, desde los tiempos del economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946) no se ha logrado crear otro indicador macroeconómico tan valorado dentro de las estadísticas internacionales. Hay quienes dicen que “el PIB es tan bruto que no sirve para aumentar la calidad de vida de nuestra población”. Se trata de una posición extrema. Pero si bien es cierto que la simple medición del crecimiento económico no basta para determinar su impacto sobre el nivel de vida, tampoco se debe ignorar que sin un aumento en el valor de la producción de bienes y servicios no se podría implementar proyectos efectivos de desarrollo económico y social.
Lo que sí es cierto es que dentro de una economía nunca se debe poner toda la atención en el comportamiento del PIB, dejando de lado los componentes sociales de las actividades productivas, comerciales y financieras. Porque de nada valdría la ciencia económica si no es para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos. Más que el énfasis en los números se impone por el acento en las personas.
POR: Daniel Guerrero
guerrerodanielus@yahoo.com

