Mapamundi petrolero
La creciente participación de Estados Unidos dentro de la producción petrolera mundial, acompañada de una evidente decisión de Washington por pasar a desempeñar un activo papel dentro de las transacciones comerciales del crudo en los mercados internacionales, agrega elementos desestabilizadores en el comportamiento de los precios del crudo en los mercados de futuros.
Los mercados de futuro hacen referencia a los escenarios donde se lleva a cabo la celebración de contratos de compra o venta de ciertas materias primas en una fecha por llegar, pactando en el presente el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento.
Ocurre que la tendencia alcista de los precios del petróleo ha disminuido su ritmo de crecimiento, aunque parece posicionarse dentro de la franja de los 60-65 dólares el barril del crudo tipo West Texas Intermediate (WTI), de referencia norteamericana, el cual se cotiza en el mercado de futuros de la bolsa New York.
Pero, ¿qué ha estado pasando por los predios de la producción y la comercialización del petróleo a escala planetaria?
La producción petrolera de Estados Unidos superó en el 2017 los 10 millones de barriles al día, pudiendo desplazar a Arabia Saudita del segundo puesto dentro de la escala de los principales productores del globo terráqueo, estimándose que para finales de 2018 podría alcanzar los 11 millones de barriles diarios, según proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE), situación que ha venido gravitando sobre el comportamiento de los precios del crudo.
Hace ya tres años que Washington levantó una prohibición que existía sobre la comercialización del petróleo norteamericano fuera de sus fronteras, pero ya por mares y océanos del mundo se desplazan numerosos buques cisternas cargados de petróleo rumbo a más de treinta países ubicados en los diversos continentes.
Ante ese incremento de las capacidades productivas y comerciales de Estados Unidos otros actores de la economía mundial que también incursionan en la oferta y demanda de productos energéticos no dejan de mostrar preocupación ante los aires competitivos que soplan dentro de la economía mundial.
Tal es el caso de la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP), entidad que aspira al advenimiento de un equilibrio rentable para todos los países exportadores e importadores del crudo, meta que parece opacarse ante la puesta en práctica de políticas energéticas unilaterales al estilo de la producción del petróleo de esquisto por parte de miles de empresas ubicadas dentro de la geografía norteamericana.
Estados Unidos podría desplazar para finales del 2018 a Rusia como el principal productor petrolero del mundo gracias a la puesta en práctica de la técnica de explotación basada en la fragmentación hidráulica o fracking, que es una técnica para extraer petróleo y gas natural (shaleoil) de yacimientos no convencionales basado en un tipo de rocas llamado esquistos bituminosos.
Lo cierto es que el mapamundi petrolero ha estado experimentando importantes cambios.
Para Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, el crecimiento del petróleo de Estados Unidos “es muy sólido, el ritmo es muy fuerte (…), y ese país se convertirá en el mayor productor del mundo en algún momento”.
Ya Washington no tiene que dirigir su mirada hacia el Medio Oriente para proveerse de petróleo como lo hacía una década atrás, sino que le basta con abrir sus propios grifos para satisfacer un gran por ciento de su consumo interno, lo que se traduce en una mayor independencia para trazar su política económica exterior.

