Opinión

Presencia economica

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 El Fondo Monetario Internacional (FMI) se encuentra en serios aprietos financieros para apoyar los planes de rescate concebidos en los laboratorios monetario-financieros de la Unión Europea (UE) tendentes a evitar el colapso de ese esquema de integración económica.

 Para el FMI ya no se trata  de cubrir su abultada nómina burocrática –que ya supera los 2 mil 422 funcionarios profesionales,  de nivel directivo y personal auxiliar- sino de aumentar  su disponibilidad de dinero para ampliar su capacidad crediticia a países de la UE en aprietos fiscales, pero el tema no es tan sencillo…

Christine Lagarde, directora gerente del organismo internacional, acaba de mostrar su cartera en el recién concluido Foro Económico Mundial reunido en Davos, Suiza, señalando: «Estoy aquí, como mi pequeña bolsa, para recaudar algo de dinero».

En efecto, sobre la base del cálculo hecho por sus técnicos en cuanto a las necesidades financieras globales, el Fondo busca reunir hasta 500 mil millones de dólares en recursos adicionales para préstamos (que podrían llegar al billón de dólares en los próximos años) con el objetivo de enfrentar un agravamiento de la crisis de la deuda europea y su impacto en la economía global.

Pero las grandes economías europeas (Alemania, Francia y Gran Bretaña, entre otras), asiáticas (Japón y China) y Estados Unidos muestran sus desacuerdos en eso de seguir desembolsando dinero para rescatar a los países con serios problemas de endeudamiento público.

Por los predios de Washington se levanta la voz de Timothy Geithner, secretario del Tesoro, mostrando diferencia con el pedimento del FMI, al señalar que “el Fondo dispone de suficientes recursos para el desempeño de sus funciones en las condiciones actuales”.  Téngase en cuenta que Estados Unidos es el socio mayor de la entidad crediticia internacional.

Hay quienes sostienen que Estados Unidos está poniendo en práctica un plan para el debilitamiento monetario-financiero de la eurozona. Precisamente, han sido las agencias calificadoras de riesgo Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, de factura  norteamericana, las que han degradado en las últimas semanas a economías  europeas, alimentando la incertidumbre y desconfianza en la eurozona.

¿Será cierto que la crisis del euro ha sido diseñada  por Christina Rohmer y el Comité de Consejeros Económicos de la Administración Obama? ¿Se trataría de fortalecer la economía norteamericana mediante la captación de los capitales europeos valiéndose de los programas de ajuste concebidos por los técnicos del FMI y por las estructuras de la Unión Europea?

Las citadas interrogantes podrían ser consideradas como una especulación teórica basada en enfoques económicos subjetivos, pero  no hay que olvidar –ni por un segundo- que el choque de intereses monetario-financieros entre los países desarrollados  expresa un nivel competitivo consustancial al sistema mundial de economía capitalista.

Y mientras esas contradicciones entre las grandes potencias se acrecientan, el mundo subdesarrollado, incluyendo a la región latinoamericana y caribeña, se encuentra viviendo momentos de incertidumbre, a expensas de los rígidos programas contractivos exigidos por el FMI, aún en  momento de posible recesión mundial. Así, se requiere seguir de cerca la marcha de los acontecimientos financieros en la Unión Europea.

El Nacional

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