¿Recortes de remesas?
Por Daniel Guerrero
(guerrerodanielus@yahoo.com).-
Concluye ya el primer cuatrimestre del año 2020 y todavía la pandemia del covid-19 muestra su cruda presencia a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo, afectando sensiblemente a la economía global sin que se pueda apreciar un adiós a la enfermedad en lo que resta de año.
Ya los organismos internacionales hacen proyecciones de las consecuencias económicas y sociales que generaría sobre la población mundial el impacto de la pandemia covid-19 que ha estado azotando a la Humanidad, creando incertidumbre y preocupación sobre el futuro inmediato de billones de seres humanos que lucen atrapados en medio de la primera gran crisis de salubridad del presente milenio.
En efecto, el Banco Mundial acaba de pronosticar que las reservas internacionales se verán afectadas en este año en un 20 por ciento, lo que representaría una sensible caída de esos importantes flujos financieros en proporción al impacto en el mercado laboral, pues el índice de desempleo global se reduce ante el derrumbe de las actividades productivas, comerciales y financieras a escala planetaria.
Así lo proyecta el BM: “Las remesas que se envían a los países de ingreso bajo y mediano caerán un 19,7 por ciento hasta ubicarse en los 445 mil millones de dólares, lo que representará la pérdida de un flujo de financiamiento vital para muchos hogares vulnerables”.
El hambre, sí hambre, volverá a mostrar su preocupante presencia dentro de grandes núcleos de la población mundial, especialmente en las sociedades subdesarrolladas, ubicadas geográficamente en Europa y Asia Central (caída de un 27,5 por ciento); África (por encima del 23,1 por ciento), así como en nuestra América Latina y el Caribe (19,3 por ciento) para sólo citar a las regiones más sensibles tomando en cuenta su inserción dentro del mercado laboral global.
Es lógico deducir que si cae el empleo y la estabilidad de la fuerza laboral los niveles de ingresos se verán proporcionalmente afectados, limitando el envío de remesas a los familiares y dependientes de esos desempleados, lo que se traducirá en una menor disponibilidad de dinero a esos núcleos humanos para cubrir partidas vitales en materia de alimentos, vivienda, salud…
En la región latinoamericana y caribeña se recibieron en el 2019 unos 96 mil millones de dólares por concepto del envío de remesas desde los centros laborales a los hogares de familiares y dependientes de los trabajadores, pero para el cierre de este tormentoso 2020 se dejarían de percibir alrededor de 18 mil 528 millones de dólares, cayendo a 77 mil 472 millones de dólares.
Y si a la reducción en el volumen de remesas a un país se le agrega la reducción de los ingresos fiscales como resultado directo de la disminución de la demanda de bienes y servicios, así como a captación de divisas a través de las exportaciones, no sería exagerado afirmar que los números rojos cubrirán muchas partidas presupuestales.
Para cubrir el déficit presupuestal se suele acudir al endeudamiento público mediante préstamos otorgados por organismos crediticios multilaterales, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), así como la emisión de bonos soberanos a ser adquiridos por los inversores externos, aunque este último escenario ha perdido terreno en este tiempo de la enfermedad conocida como covid-19

