DANIEL GUERRERO
El ritmo de crecimiento da la economía norteamericana ejerce su influencia sobre el comportamiento de la producción, el comercio y las finanzas en la región latinoamericana y caribeña.
En efecto, si los consumidores estadounidenses se muestran tímidos en la demanda de bienes y servicios resulta obvio que las exportaciones de la región hacia el cotizado mercado de Estados Unidos se van a resentir.
La marcha de la economía regional depende mucho del recorrido que haga la locomotora norteamericana por su ruta de recuperación productiva, comercial y financiera.
EE.UU. es un gigante de la producción, al aportar unos 14,3 millones de millones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) mundial, el cual supera en la actualidad los 62 billones de dólares.
De modo que la economía estadounidense, aunque desde hace poco más de un año se mantiene bajo las turbulentas aguas de la recesión, aporta cerca del 23 por ciento del PIB mundial.
El Sistema de la Reserva Federal (Banco Central) ha tratado de estimular el consumo a través de reducciones acentuadas en las tasas de interés, llegándose casi al 0, considerado como el nivel más bajo del costo del dinero en las últimas cuatro décadas.
No olvidemos que en Estados Unidos el consumo de bienes y servicios representa el 70 por ciento del PIB. Se dice que los ciudadanos norteamericanos no están en capacidad de endeudarse más. Que sus tarjetas de créditos no resisten nuevas oleadas de consumo.
Incluso los inversionistas se muestran tímidos. Están impactados por las últimas revelaciones económicas que dan cuenta de que en el 2008 la economía cayó en más de un 6 por ciento, siendo el consumo la variable más decreciente.
Las importaciones de EE.UU. han decrecido. La demanda de bienes y servicios por parte de los consumidores estadounidenses ha decaído. Ya no es el importador de última instancia en el mundo. El desempleo podría situarse para el presente año en cerca al 10 por ciento.
Cierto es que a marcha de latinoamericana y caribeña depende mucho de la fuerza que muestra la locomotora norteamericana, pero bajo ningún concepto se pueden extraer conclusiones mecanicistas. Hay que ponderar las características de cada país a los fines de no caer en generalizaciones.
Los pronósticos de recuperación económica en Estados Unidos no lucen halagüeños. Justo es decirlo. Suena fuerte, pero es verdad. Habrá recuperación, pero no en este 2009.
Por los predios de las economías latinoamericanas y caribeñas la incertidumbre es mayor por el impacto que ejerce sobre región el ritmo de las actividades productivas, comerciales y financieras al interior de la locomotora económica latinoamericana.
Pero que no cunda el pánico, pues lo que sí exige el momento es mucha prudencia, conciencia y paciencia.
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