Opinión

PRESENCIA ECONÓMICA

PRESENCIA ECONÓMICA<BR>

¿En qué consiste la deflación? ¿Tiene importancia conocer su significado?

 Cuando en una economía sobreviene un alza en el índice de precios al consumidor se dice que hay inflación. La suba en los precios de los bienes y servicios que demandan las personas  constituye una grave afectación económico-social, pues habrá que disponer de más dinero para comprar en el mercado. La inflación señala el camino hacia el hambre.

 Pero, ¿cómo se denomina el fenómeno económico que consiste en la reducción acelerada en los precios de los bienes y servicios a niveles por debajo de sus costos de producción? Estoy refiriéndome a lo que se denomina como deflación, que es lo contrario a la inflación.

 La deflación hace presencia cuando el dinero en manos del público es escaso. La gente quiere comprar un televisor, una cama, alimentos, viajar o adquirir cualquier otro bien o servicio, pero no puede. Entonces los precios comienzan a bajar porque para comprar todo lo que se vende y compra falta el medio de pago, los billetes de banco.

 Puede ocurrir que la cantidad de dinero en manos del público no sea suficiente para cubrir la demanda del mercado en las operaciones de compra y venta bienes y servicios. La producción se mantiene, pero  esa oferta carece de una oportuna demanda.

 Hace unos meses cundía en el mundo la preocupación por el alza en los precios del petróleo y los alimentos. El temor a la inflación era el tema de la agenda internacional.

Con la aguda y profunda crisis inmobiliaria  que ha estremecido los cimientos del sistema monetario-financiero, unido a los desequilibrios estructurales acumulados por décadas al interior de Estados Unidos, el consumo se está reduciendo a niveles nunca visto en la tierra del dólar. Los precios de los bienes y servicios están bajando. Falta dinero. Llega la deflación.

 Ya nadie discute que la economía norteamericana entró en las profundas aguas de la depresión, fase del ciclo económico que es temida por los gobernantes y los consumidores, toda vez que en la misma cae el crecimiento, la demanda y el ingreso.  Pero si en tiempo de recesión económica (o crisis, que lo mismo da) aparece el fenómeno de la deflación entonces el panorama hacia la recuperación productiva y el estímulo al consumo toma un color gris oscuro. Con la baja en los precios de los bienes y servicios más allá de los costos de producción sobrevendría la quiebra masiva de negocios.

Con la deflación los consumidores dispondrán de menos dinero para ir al mercado debido a la caída en picada de la producción, el incremento en el número de los desempleados y la lógica disminución de la demanda de muchos bienes y servicios. Y es que todos los extremos son malos: la inflación persistente o la deflación acelerada.

Hará falta colocar en el torrente monetario-financiero de la economía la cantidad de dinero necesario como para que los consumidores puedan comprar los bienes y servicios existentes en el mercado. Hay que controlar la cantidad de dinero en manos del público, pero sin secar la economía

El Nacional

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